II DOMINGO DE PASCUA

 

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta

Dios de misericordia infinita, que reanimas, con el retorno anual de las fiestas de Pascua, la fe del pueblo a ti consagrado, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendamos mejor: el bautismo que nos ha purificado, el Espíritu que nos ha hecho renacer y la sangre que nos ha redimido. Por Jesucristo nuestro Señor.

La Resurrección de Jesús es la extraordinaria manifestación del amor misericordioso de Dios. Por eso acudimos a su misericordia infinita porque la fe nos dice que la misericordia de Dios no falla. Las fiestas de Pascua nos lo han manifestado, pues una de las finalidades de estas fiestas es el crecimiento de la fe del pueblo a Dios consagrado. Este pueblo somos nosotros.

Lo que a Dios le pedimos es precisamente que comprendamos qué ha sido para nosotros, bautizados, el bautismo, qué dones nos ha dado Dios en él. Porque comprender el bautismo, conocer lo que significa y exige para llevarlo a la práctica es don de Dios, con el cual tenemos que actuar. Para ello tenemos necesidad del Espíritu que también se nos da. El Espíritu Santo nos hace hijos de Dios, creando en nosotros un talante nuevo, el propio de los que han sido redimidos por la sangre de Cristo Jesús y aceptan su enseñanza.

Estos son los tres sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y Eucaristía.

Dios Padre nos conceda, por su Hijo, lo que le pedimos.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo, para que, renovados por la confesión de tu nombre y por el bautismo, consigamos la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo nuestro Señor.

Si a Dios Padre le decimos que reciba nuestras ofrendas, le estamos manifestando que no venimos al altar con el corazón vacío o tan lleno de preocupaciones que no quepa en él lo que Dios nos quiera dar. Nuestras ofrendas no suelen estar totalmente limpias. Tengamos en cuenta la finalidad de lo que le ofrecemos a Dios; qué le ofrecemos y porqué y para qué se lo ofrecemos. Dios quiere recibir ofrendas puras, limpias de egoísmo, para su gloria. Para ello necesitamos ser renovados, ser personas nuevas que se esfuerzan por vivir las exigencias del bautismo. Vivimos como cristianos en la medida que testimoniamos el amor de Dios, signo externo de la fe.

Todo esto es camino que finaliza en la posesión de la eterna bienaventuranza. Hacia ella caminamos. Ofrezcamos a Dios una ofrenda de alabanza. ¡Señor mío y Dios mío! ¡Aleluya!

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso, que el sacramento pascual recibido permanezca siempre en nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de comulgar, silencio y oración breve, de pocas palabras, dirigidas a quien nos ha visitado: Cristo Jesús, el sacramento pascual. Es lo que nos presenta esta oración de poscomunión, que tiene parecido con una oración-jaculatoria, “oración breve y fervorosa”. Tal vez, puesta en nuestros labios, le falte el fervor necesario para que sea “escuchada” por Dios. Es posible. Por eso, le pedimos a Dios todopoderoso la gracia de que Jesús permanezca siempre con nosotros. Pero nuestra frágil memoria olvida fácilmente; bueno es, por tanto, que del mismo modo o parecido la recordemos durante el día a modo de jaculatoria.

¡Paz a vosotros!

Dad gracias al Señor

porque es eterna su misericordia.

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