III DOMINGO DE PASCUA

 

P. Ruiz Verdú OFM

 

Oración colecta

Que tu pueblo, Padre, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance la esperanza de resucitar gloriosamente. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración dirigida a Dios Padre. Desde el inicio, el pueblo creyente, conocedor de los beneficios recibidos, desea que estos dones, tan graciosamente dados, le sean motivo de alegría, tanto porque con ellos el pueblo creyente, tú y yo, ha sido renovado y mejorado, y ha crecido en la fe del misterio pascual. La presencia del Espíritu Santo  testifica al pueblo cristiano que ha recobrado la adopción filial. Hasta que Cristo Jesús murió y resucitó por nosotros, no experimentábamos el amor de Dios. El deseo de Dios aún no se había realizado plenamente. Por Cristo, hemos recobrado la adopción filial. ¡Somos hijos de Dios! Esto, que es el motivo de la alegría pascual, también es el fundamento de la esperanza de resucitar gloriosamente.

La alegría es el signo distintivo del tiempo en el que los cristianos celebramos la resurrección de Jesús. Es el gozo que no se acaba, porque Cristo ya no muere; y la alegría que nos adquirió con su muerte no tiene descanso, no posee límite de caducidad. Si la alegría que nos ha dado, fuera limitada, necesitaríamos otro Redentor mejor, y esto no es posible , porque en Cristo Jesús Dios Padre nos lo ha dado todo sin límite de caducidad. Y Cristo  está vivo para interceder por nosotros.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Padre, las ofrendas de tu Iglesia exultante, y a quien diste motivo de tanto gozo [por la resurrección de tu Hijo], concédele disfrutar de la alegría eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Hemos puesto sobre el altar el pan y el vino; son ofrendas nuestras regaladas por Dios Padre. Y si agradecidos las hemos recibido, exultantes se las ofrecemos a Dios, para que por ellas recibamos la alegría de disfrutar de la resurrección de Cristo Jesús. La oración no señala término al disfrute de esta alegría. Ciertamente el cristiano que ha recibido en el bautismo el regalo de la resurrección y lo alimenta con la participación de la Eucaristía, no debe reducir esta alegría al límite de una semana. Nadie debe ganar en alegría al cristiano que tiene conciencia de ser hijo de Dios.

Señor Jesús ábrenos el entendimiento</f;»

para que comprendamos las Escrituras Santas.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad a tu pueblo y, ya que has querido renovarlo con estos sacramentos de vida eterna, concédele llegar a la incorruptible resurrección de la carne que habrá de ser glorificada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

¿Cómo se mira a una persona que se ama? Después de comulgar, la Iglesia pide a Dios que mire con bondad a su pueblo. No lo hace de otro modo. Viendo a su Hijo en nosotros, Dios nos mira y nos ama con un amor entrañable. Solo desea de nosotros una respuesta sincera y fiel a su amor. La Eucaristía que hemos recibido es sacramento de vida eterna. Jesús ha dicho. “El que come mi carne y bebe mi sangre (la Eucaristía) tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54). Y el que ya posee la vida eterna de Jesús le será dada en plenitud “en el último día”. Por eso hemos pedido, apoyados en la bondad y amor de Dios, que nos conceda llegar a la glorificación para siempre de nuestra carne.

Aleluya,

ha resucitado Cristo Jesús,

el Creador de todas las cosas,

y se ha compadecido de nosotros.

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