ENSEÑANZAS DE JESÚS

Del adulterio

«Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio» (Éx 20,14; Dt 5,18). Pues yo os digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón+ (Mt 5,27-28). Además del sexto mandamiento, la radicalización de Jesús también se relaciona con el noveno: *no codiciarás la mujer de tu prójimo+ (Éx 20,17). Otra vez se contempla el paso de la cobertura jurídica propia de la vida matrimonial judía(35) a las relaciones que, impulsadas por el deseo de la posesión y el dominio, transforman al otro en un objeto o en algo para usar en beneficio propio. Mirar aquí es un acto humano, porque es un mirar intencionado, que en la tradición sapiencial se une a la lujuria: *Mujer lasciva tiene ojos engreídos, y se la conoce en los párpados. […] Guárdate de los ojos impúdicos, y no te extrañe que te ofendan+ (Eclo 26,9.11).
Con ello se quebrantan los principios éticos y religiosos que postula el Reino de Dios. Y se cita el corazón como el lugar más apropiado, porque en él residen las actitudes básicas de los actos y, lógicamente, es en donde se toman las decisiones; por eso se erige en el centro de la persona moral(36). No se condena el impulso sexual puesto por Dios al principio de la creación (Gén 2,24), sino el desvío de las relaciones de amor donde la mujer se reduce a un objeto. Por otra parte, al ser la mujer propiedad del varón, como se comprende en la cultura de Israel, el desearla incluye un ataque a su *propiedad+, a uno de los bienes de la casa familiar (Éx 20,17; Dt 5,21). Es más. El deseo adulterino de otra mujer cae bajo el ámbito de la defensa del matrimonio, que Mateo trae en la siguiente antítesis, y de la normalidad en las relaciones que Jesús mantiene con ellas, como antes dijimos. Jesús está lejos, por tanto, de la misoginia peculiar de los rabinos y de su pureza en los deseos, pues indican más una infravaloración de la mujer que un respeto a su dignidad(37). El Reino acentúa la unidad matrimonial y, por consiguiente, excluye como algo obvio el adulterio y aquello que lo puede provocar, como es la mirada lujuriosa.

A la antítesis, Mateo añade lo siguiente: *Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser arrojado entero al horno. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala. Más te vale perder un miembro que acabar entero en el horno+ (Mt 5,29-30). Estas sentencias comportan en los Evangelios varias acomodaciones, como el escándalo a los niños o a los *pequeños creyentes+ (Mc 9,43.45.47), o cualquier escándalo, que a veces no se puede evitar por las exigencias del Reino (Mt 18,8-9; Lc 17,2). Aquí se aplican a las faltas sexuales bajo el prisma de la radicalidad del Reino. Ojo *derecho+ y mano *derecha+ es símbolo de lo más importante, porque es lo más valioso y, en cualquier caso, son medios que se emplean para pecar(38). Por eso debe cortarse o sacrificarse uno o algunos de los valores humanos (ojo y mano) para evitar lo que nunca tiene remedio: la condena eterna.

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