Emilia Pardo Bazán y San Francisco de Asís

 

Francisco Javier Díez de Revenga

Con motivo del centenario de la muerte de la gran escritora Emilia Pardo Bazán, que se está conmemorando a lo largo de 2021, se han llevado a cabo numerosas actividades para recordar su insigne figura y se ha vuelto a valorar su gran importancia como novelista y como intelectual en la historia de España, independientemente de su condición de mujer, que también se ha destacado en este año de una forma especial. Desde Murcia hemos tenido la oportunidad de recordar que visitó nuestra ciudad en otoño de 1899 con la finalidad de acudir a la Iglesia de Jesús a ver los pasos de Salzillo, tal como le había recomendado en Roma, algún tiempo antes, su amiga la murciana marquesa de Salinas. Doña Emilia viajó en aquellas fechas a Cartagena, Elche, Orihuela y Murcia, y escribió cuatro artículos con el título común de «Por tierras de Levante», que publicó en una revista olvidada, Letras de Molde, en los primeros meses de 1900.

Pero en mi opinión apenas se ha recordado este años una de sus obras más tempranas, San Francisco de Asís (Siglo XIII), de 1882, que fue entre las suyas la más editada y leída y a la que la escritora le tenía un aprecio singular. Uno de mis más lejanos recuerdos infantiles tiene que ver con este libro y con el nombre de su autora Emilia Pardo Bazán, ya que sus dos volúmenes los custodiaba en una sucinta biblioteca de libros de devoción mi abuelo Ramón Torresde Parada en el modesto estudio que tenía en los altos de nuestra casa familiar de González Adalid, allá por los años cincuenta del  siglo pasado. Recuerdo que fue la primera vez que leí el sonoro nombre de doña Emilia Pardo Bazán, y no he olvidado jamás este primer contacto con su magna obra que posteriormente, por razones profesionales y de afición, he seguido y me deleitado en sus páginas en numerosas ocasiones, porque la considero una de nuestras grandes escritoras y muy grande entre los más altos protagonistas de aquel fabuloso esplendor de la narrativa de la segunda mitad del siglo XIX, junto a Galdós, Clarín, Alarcón, Pereda, Valera o Palacio Valdés

Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851 – Madrid, 1921) consideraba este extenso y erudito trabajo sobre San Francisco de Asís y el siglo XIII una de sus obras mejor conseguidas, y, de hecho, fue la más editadas entre las suyas desde su publicación en la temprana fecha de 1882, en plena juventud de la autora, en Madrid, Librería de Miguel Olamendi.Esinteresante, desde luego, volver sobre sus páginas y es fácil acceder a su lectura, ya que la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes pone a disposición de los lectores la estupenda edición de París (Casa Editorial Garnier Hermanos) de 1885. Una edición actual realizada por de Alvarellos Editora (Colección Rescate)  y el Consorcio de Santiago (Bibliote4ca Literaria) recupera la obra en 2014, cuando se cumplían ochocientos años de la peregrinación de San Francisco a Compostela. Además del texto completo del ensayo de doña Emilia,  incorpora dos valiosos documentos de la escritora: una carta-prólogo inédita, de 1878, dirigida a los frailes del convento franciscano de Santiago de Compostela, y la conferencia «San Francisco y la guerra (1914-1918)», que fue leída por su autora el 14 de enero de 1917 en la Asamblea de Terciarios de la Orden de San Francisco que tuvo lugar en la Iglesia de San Fermín de los Navarros, en Madrid, tal como recoge Aránzazu Guzmán en su tesis La oratoria de Emilia Pardo Bazán, presentada en la UNED en diciembre de 2014. Este dato, que facilita la editorial Alvarellos, ha sido obtenido después de la publicación de esta obra. El volumen en edición de Javier López Quintás cuenta con un estudio crítico José Manuel González Herrán y apéndices Cristina Patiño Eirín.

La edición de París que manejamos incorpora unos documentos previos quehay que recordar, para advertir la legitimidad religiosa de la obra y su total ortodoxia: censura y licencia eclesiástica del jesuita Fidel Fita y del sacerdote vicario-juez eclesiástico Juan MorenoGonzález, y cartas del obispo de Lugo, del obispo de Córdoba y del cardenal-arzobispo de Santiago de Compostela, que elogian efusivamente el libro de doña Emilia.

El prólogo del volumen corrió a cargo de Marcelino Menéndez Pelayo, que lleva a cabo un sincero elogio de la escritora y destaca sus cualidades y los muchos aciertos que ya ha alcanzado en su trayectoria como novelista. Lo hace sin rodeos y conseriedad independientemente de que se trata de una mujer y, desde luego, lo que más valora es la calidad y la documentación de la obra, tal como concluye al terminar sus páginas prologales: el libro es un grande esfuerzo y una grande obra, mucho más que si se presentase sin maestros y sin precedentes. Tiene mil ventajas el que por primera vez se desbroza un asunto: su labor, aunque sea más larga, es menos ingrata, porque le alienta la curiosidad de lo desconocido, que en el investigador de profesión llega a ser un manantial de goces inefables. Para llegar a la heredad, cuando la heredad parece esquilmada, y sacar de ella todavía riquísimo fruto; repasar sobre las huellas de los grandes maestros y dejar nuevos rastros de luz en el mismo surco donde ellos pusieron el pie, es uno de los triunfos más raros en el mundo literario. La mujer que antes de traspasar los umbrales de la juventud, en la edad en que todo sonríe al alma femenina y la halaga y la embebe en lo exterior, no ha encontrado en su naturaleza energía bastante para producir tal monumento, mostrándose a la vez pensadora, narradora, artista de encantador y riquísimo estilo, y finalmente no extraña a ninguna de las artes y ciencias, asegurado tiene nombre imperecedero en las letras castellanas, por muchas novelas naturalistas que escriba, y eso que serán buenas, siendo suyas. Pero en todo esto cabe pasión y litigio. Yo sostengo que la autora vale todavía más que sus obras exceptuando ésta. Ha hecho un libro: dichosos los que puedan decir otro tanto». Fechado en Santander, 13 de julio de 1885, Menéndez Pelayo contaba con tan solo 28 años cuando estas palabras escribe, aunque ya era catedrático dela Universidad de Madrid y Académico de la RAE.

Otro texto de un gran interés es el que la propia doña Emilia situó al frente del volumen, con el título de «Al que leyere», en el que indica que aunque tiene planeado el estudio desde hace más de dos años, en realidad lo ha escrito en tan solo ocho meses, por lo que se disculpa de las faltas que pueda tener por haberlo escrito en tan poco tiempo. En realidad, los dos volúmenes ocupan más de setecientas páginas y la labor de redacción debió de ser ardua, pero más aún la labor de documentación porque la aurora no solo relata la vida de San Francisco, sino que se ocupa de la vida cultural, religiosa y cotidiana de todo el siglo XIII en Europa para situar la figura de San Francisco, y tras el marco construido, llevar a cabo el relato detenido de su vida y milagros. Si interesante es todo el volumen primero que está dedicado al santo, no menos interesantes son los capítulos del segundo volumen en el que vananalizando diversos aspectos de la tradición franciscana: San Francisco y la naturaleza, San Francisco la mujer,San Francisco y las herejías comunistas, la inspiración franciscana en las artes y en la ciencia, los filósofos franciscanos y, finalmente, San Francisco y la poesía. Es comprensible que, a lo largo de su dilatada trayectoria como escritora, este libro, al que dedicó tantos desvelos, fuera uno de sus preferidos, como lo fue también y de forma entusiasta para su público lector.

 

 

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.