En el centenario de Alfonso X el Sabio:
las Cantigas de Santa María

Francisco Javier Díez de Revenga
El 23 de noviembre de 1221 nació Alfonso X de Castilla y León en Toledo, y este año se conmemora por tanto el octavo centenario de su nacimiento. Alfonso no solo fue un gran rey sino que además desarrolló una excepcional labor cultural y científica y él mismo dirigió personalmente la redacción de las obras de su corte literaria. Logró dar un gran impulso a la lengua castellana, convirtiéndola en una lengua capaz de exponer estudios científicos, disposiciones jurídicas y compilaciones de carácter histórico y documental. Su obra reúne también un importante sector escrito en gallego, el constituido por la magna recopilación de las Cantigas de Santa María y, en menor grado, por las pocas cantigas profanas, de escarnio y de maldizer que se conservan. En la decisión de utilizar para su obra «poética» la lengua de Galicia, Alfonso siguió las costumbres de la corte de su padre y de la suya propia, poblada de caballeros gallegos, que componían canciones en una lengua especialmente dúctil y adecuada para el canto: la lengua de Galicia, cuya sólida y ancestral tradición poética le permitía competir con el arrollador occitano que traían a Compostela los trovadores peregrinos provenzales. Alfonso conocía el gallego desde su infancia y sabía de su fecundidad y adecuación para la poesía, por lo que no puede extrañar que decidiera expresar en ella sus cantigas marianas. De hecho, estaba ya amoldada a una métrica que el monarca utilizó con variedad y soltura, y los recursos poéticos que el gallego poseía ―moldes, estribillos, giros y frases― en castellano eran absolutamente desconocidos.
Añadió el monarca a su brillante vivir cultural la realidad de ser uno de los pocos escritores bilingües (en dos lenguas romances) de la Edad Media española, demostrando una verdad que la historia y los tiempos se han encargado de confirmar: la pluralidad lingüística de sus reinos. No es raro que en unos territorios en que se hablan distintos romances, castellano y otras lenguas y dialectos limítrofes menos fuertes y afianzados, mozárabe, gallego, catalán y provenzal, francés e incluso alemán, que traían los extranjeros y cortesanos europeos (la madre de Alfonso era alemana), además del latín, no es extraño, por tanto, que el regidor de los destinos de esos reinos escribiese su obra en dos de esas lenguas, y, como buen intelectual, buscase el cauce idiomático más adecuado para cada materia: para la prosa, el castellano; para la poesía, el gallego.
Las Cantigas de Santa María, en su conjunto, constituyen uno de los monumentos escritos más valiosos de toda la cultura cristiana medieval europea. Sus textos, sus acotaciones musicales y las miniaturas que ilustran y enriquecen las historias allí relatadas demuestran la categoría y monumentalidad contenida en los códices en los que se reúnen y conservan. La mayoría de las cantigas relatan milagros de la Virgen María y proceden de las leyendas y tradiciones contenidas en las colecciones mariales más difundidas de la Edad Media europea, aunque algunos milagros se sitúan muy próximos a la biografía y a la época del propio rey Sabio.
Desde el punto de vista literario es muy importante la relación de Alfonso X con Murcia. El más valioso testimonio que nos queda de su presencia es el grupo de Cantigas de Santa María en las que existe alguna referencia a Murcia o a tierras próximas a la ciudad o la región, como puede ser la ciudad de Elche, presente en varias de estas composiciones.
De todo el conjunto, la más valiosa es la entrañable cantiga 169, del códice de El Escorial, la Cantiga de la Arrixaca, que sin duda es una de las primeras y más bellas páginas de la literatura murciana.La cantiga pertenece al grupo de aquéllas en las que el monarca relata sucesos acaecidos durante su vida y conocidos por él. De carácter autobiográfico se basa en hechos históricos debidamente comprobados, protagonizados por el propio rey y su suegro el rey aragonés Jaime I, envueltos en un episodio representativo de la convivencia entre cristianos y musulmanes, resuelto por la intervención de María. El tono personal queda garantizado por la repetición de expresiones «que vi», «que oí», que dotan a la composición de un tono personal de gran atractivo poético.
La cantiga interesa también por lo expresivo de sus miniaturas, en cuyas escenas podemos descubrir a la figura de Alfonso como Infante y como Rey, a la de Jaime I, reconquistador de Murcia, y a la del rey musulmán Aben Hud, así como el arrabal murado en el que trascurrieron los hechos que en la cantiga se relatan. Se destaca el consentimiento que alternativamente dan Alfonso y Jaime a las exigencias legales de la Aljama, presade un apasionado deseo de destruir el santuario mariano.
El signo de tolerancia, confesado y patente, constituye un reflejo de los complejosproblemas políticos propios de la convivencia con los sometidos mudéjares. Pero todo quedaresuelto y superado por la firme y maravillosa intervención de la Virgen,que defiende su iglesia a pesar de lo cedido por los monarcas.
El sentido simplista y elemental que preside las cantigas, deja ver rasgos ingenuos como el del rey musulmán temeroso del odiode Santa María, o notasde patriotismo, nutrido de fe y esperanza en futuras intervenciones sobrenaturales,como la predicción final de nuevas conquistas bajo la protecciónde la Virgen.Ingenuidad y candor que se unen al dato histórico y realista en un conjunto literario perfecto. Exigencias y temores en los musulmanes,concesiones y fe en los monarcas cristianos, tolerancia en suma, testimonianuna realidad vivida por el propio Alfonso X en Murcia.
Otras muchas composiciones de la colección tienen relación con Murcia y sus aledaños. Así en la Cantiga 239 encontramos a un vecino de Murcia salvado de un apuro por intervención de la Virgen María. Lo curioso es que este poema está situado en Murcia, aunque la leyenda en él relatada pertenece a la tradición de las colecciones de milagros de la literatura medieval europea. El atribuirlo a Murcia evidencia el interés de Alfonso por la ciudad y por el reino. Las cantigas 126, 133 y 211 se refieren a Elche. La última de ellas es la más conocida, ya que relata un milagro en el que unas abejas fabrican miel para completar el cirio pascual en la misa mayor de la ciudad de las palmeras, que por cierto, están perfectamente reproducidas en las miniaturas de uno de los códices de las Cantigas, el conservado en el Biblioteca de Florencia.
Las cantigas 299 y la 339 se refieren a Cartagena. La primera a un caballero de la Orden de Santa María de la Estrella, Santa María de Cartagena o Santa María de España, cuyo hábito puede verse reproducido en las magníficas miniaturas del códice florentino. La otra cantiga cartagenera relata un viaje por mar entre Cartagena y Alicante y la intervención de Santa María para evitar el naufragio de la nave debido a una vía de agua. La presencia del puerto de Cartagena como lugar de salida del barco revela el interés de Alfonso por conceder veracidad a los milagros que vinculaba a lugares del reino famosos por su nombre.
Por último, hay una serie de cantigas que se refieren a personajes que habitaron Murcia en tiempos de Alfonso X y que conocemos su nombre y su presencia en nuestro reino por figurar en los listados de los libros de Repartimiento; la cantiga 377 se refiere al pintor Pedro Lorenzo, que colaboró en las ilustraciones miniadas de las Cantigas. La 375 trata del escribano BonamicZavila, cuya presencia en Murcia está documentada en 1300; y, por último, la 382 tiene como protagonista a Ramón de Rocafull que pidió a la Virgen que le ayudara a convencer al rey de su recuperación de las tierras de Abanilla, que fueron de su padre, a cambio de las de Alguazas que le había dado en compensación. Un asunto político y administrativo fue esta vez el trasfondo de un milagro atribuido a Santa María.
La obra de Alfonso X el Sabio forma así un conjunto único en la Edad Media europea, que trasciende a través de los tiempos como una empresa que hoy pervive con su gran lección de humanismo y universalidad en los saberes, con su legado de tolerancia científica, cultural y lingüística. El proyecto alfonsí se convierte en un testimonio relacionable con el legado de los humanistas que pronto surgirían en toda Europa, y que se enfrentarían a nuevas empresas universalizadoras, presididas por similar ambición científica y cultural. Pero en Alfonso X tal actividad, con ser un considerable precedente, sobresale por ser la obra en solitario de un personaje excepcional. Nadie en la Europa de su tiempo tuvo una ambición igual y ningún otro rey dejó un legado parecido. Por ello, la obra de Alfonso X el Sabio, con sus dificultades, con su amplitud tan lejana de nuestro mundo especializado, permanece a través de los tiempos y continúa ahora ofreciendo su inagotable lección de saber y de querer saber.
