La caracterización de Jesús en las notas del narrador del evangelio de Juan.

José Manuel Hernández Carracedo
La obra parte de la afirmación del Evangelio de Juan: «Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (20,30-31). De aquí se deduce que el relato es de carácter escrito; es eminentemente cristológico y Jesús se da a conocer como Mesías e Hijo de Dios. La investigación muestra como las notas del narrador clarifican la identidad de Jesús y perfilan la trama de la narración (11-12). Los capítulos primero y segundo exponen la historia de la investigación donde se tiene en cuenta el relato y las notas del narrador y la teoría de la polifonía narrativa. Es a partir del capítulo tercero hasta el séptimo donde se manifiestan las notas como elementos que están fuera del texto pero que enriquecen la narración, en este caso la identidad de Jesús. Dichas notas se dirigen al lector; interrumpen la narración; como en el lenguaje oral, llaman la atención al lector para que comprenda mejor la narración, teniendo un carácter parentético y para textos.
La primera nota aparece en el Prólogo del Evangelio: «Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer» (Jn 1,17-18). En este himno antiguo toma forma de nota las afirmaciones sobre el Bautista (Jn 1,6-10.15) y de Jesús como encarnación de la Palabra y los beneficios que los hombres reciben de de su encarnación. Moisés es el profeta más grande, porque es el mediador de la revelación de la Ley veterotestamentaria. Mas Jesús es mucho más, porque realiza la revelación por su palabra y su vida; hace posible la gracia y la verdad, términos que caracterizan a Yawé: la ternura o la misericordia y la fidelidad a ellas en su relación con Israel. Y las dos relaciones de Dios se cumplen en Jesús y las transmite al nuevo Israel. Jesús es el Mesías esperado, el Logos encarnado muy superior a Moisés. Además es Dios Unigénito, que vive en el seno divino y por consiguiente puede revelar a la fuente y origen de la salvación. Jesús no es un revelador más de Dios. Él es el único que puede verdaderamente revelar porque vive en Él, viene a la historia humana desde el seno divino.
Las siguientes notas (cf Jn 2,17.21.22.24-25; 4,2.4.44) se colocan de una manera consciente dentro del conjunto del relato que comprende Jn 1,19-4,54. Estas notas giran en torno a la fe en Jesús de gente importante, de los discípulos, de un funcionario público, de los signos que realiza, de lugares o de Jesús: «Jesús mismo había atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria»» (Jn 4,44). Este conjunto de notas aclaran la identidad de Jesús a partir de los títulos mesiánicos que aparecen en la Escritura: Cordero de Dios, Elegido de Dios, Mesías, Aquel que hablan las Escrituras, Hijo de Dios, Rey de Israel e Hijo del hombre. Y los signos que expone el relato revelan su condición de Mesías e Hijo de Dios que lleva a cabo las obras divinas y la fe de sus discípulos los convierten en testigos de todo lo que su Maestro dice y hace.
Las notas que aportan los capítulos del 5 al 10 (5,1-10,40) versan sobre la muerte de Jesús: anuncio, causas, circunstancias y significado (177). Y se da un paso de la intención criminal de los judíos a insertar su muerte dentro del plan divino de la salvación. La entrega de Jesús por parte del Padre al mundo para expresar su amor a los hombres (cf Jn 3,16) nada tiene que ver con la entrega de Judas, entrega en la que se dan tres libertades: la de los hombres que entregan a Jesús a una muerte como la de los criminales; la de Jesús que se da a sí mismo y la del Padre (cf Rm 8,32).- Siguiendo con el tiempo previo a la Pascua, en segundo lugar (cf Jn 11,1-12,50), se trata de la resurrección de Lázaro y su contrapartida: Jesús genera su muerte decidida por las autoridades religiosas de Israel. El capítulo 12 comprende la unción de Betania, la entrada en Jerusalén y la enseñanza a la multitud. Las notas que tienen los dos capítulos son la unción de Jesús (Jn 11,2), la condena a muerte (Jn 11,57) y la destrucción del templo porque han rechazado la revelación de Jesús. Un nuevo pueblo se crea por la fe en Jesús, el único revelador del Padre. En las notas de Jn 11,51-52: «[No comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera]. Esto no lo dijo [Caifás] por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos». En la crucifixión están las notas de la glorificación de Jesús (Jn 12,32), el juicio, la expulsión del diablo y la atracción de todos los hambres al crucificado.- Y en el relato de la pasión se exponen varias notas (cf Jn 18,9.32; 19,24.36.37) que acentúan la identidad de Jesús como revelador del Padre. En definitiva, las notas son una guía de la lectura del Evangelio, ya que estructuran la narración del relator; interpretan la muerte de Jesús como gloria de su persona y es, además, el nuevo templo que el mayor enemigo del hombre —la muerte—no ha podido destruir.
Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 2020, 374 pp., 16 x 24 cm.