San Francisco, y la “puerta del placer”, en la Comedia

Patricio Peñalver

Ya un poco a toro pasado, quiero decir tras el séptimo centenario de la muerte de Dante en 2021, sugiero una relectura del pasaje de la Comedia que desde Bocaccio hay que llamar divina, pasaje por lo demás célebre: nada menos que una biografía, y una “interpretación” de San Francisco de Asís en el canto 11 del Paraíso. Pero digámoslo ya, la peculiaridad de esa aparición de Francisco, apenas puede captarse si no es en la unidad de un mismo movimiento de lectura que abarque el canto XII, donde lo que hay es una biografía, y una interpretación también, de Santo Domingo de Guzmán. Salta a la vista el peculiar montaje de Dante aquí: la biografía o en  verdad ya la hagiografía de Francisco de Asís la hace Santo Tomás de Aquino, mientras que la etopeya de Santo Domingo la expone el franciscano San Buenaventura. Un quiasmo, podría decirse, pero que apunta al significado de una al menos ideal reconciliación de dos tradiciones teológicas que, dicho sea cum mica salis, se llevaron a matar largo tiempo. Y todavía. Ciertamente los dos “bravos capitanes” perseguían el mismo fin, aunque con formas y medios muy diferentes. El santo español estaba mayormente preocupado por combatir las herejías. Mientras que Francisco hace profesión de la imitación de Cristo, en su serenidad y en su pasión. Éste fue un serafín de caridad, aquél un querubín de sabiduría. El propio Dante no podría ser “neutral”: se sabe que para él no hay duda de que el maestro di colore qui sanno, de aquellos que saben, es Aristóteles, aunque éste tuvo que quedarse en el Limbo, en la antesala del Infierno. Y la identificación dantesca con Tomás de Aquino es explícita. ¡Hasta al mismísimo Siger de Brabante, el  averroísta latino por excelencia, y así, en la estela del aristotelismo, lo sitúa en el cuarto cielo, en el cielo del Sol! Pero por  otra parte Dante no puede ignorar que el siglo XIII está dominado por la figura singularísima de San Francisco de Asís, por sus escritos, sus leyendas, su influencia, popular y no sólo entre los sabios. Se atenderá también a que la condena del descarrío de los dominicos la hace el propio Tomás de Aquino (vv.  124-126). Y que es San Buenaventura el que avisa que los franciscanos han “abandonado completamente” el surco del fundador. Cortesía, palabra importante en la Comedia, por las dos partes, pues.

Sitúo en ese contexto prodigioso lo que hoy quiero subrayar: la relevancia en Francesco del motivo de “la porta del piacer”, la puerta del placer. Santo Tomás presenta al Santo de Asís, con buena base, como audaz esposo de una mujer a la que se describe inicialmente como semejante a la muerte, y como rechazable de toda casa: “fue tras una mujer que, cual la muerte, / nadie quiere tener dentro de casa” (XI, vv. 59-60). Se comprende la oposición iracunda del padre a las bodas de su hijo con esta que era una viuda viejísima: “había estado más de mil cien años/ sola y abandonada y despreciada” (vv. 65-66). Cito, sigo citando, la meritoria traducción de José María Micó en la bella casa del Acantilado. El primer marido de esta señora había sido nada menos que el Cristo crucificado, del que por cierto también hay que decir que quedó al final “solo y abandonado y despreciado”. La imitación de Cristo, y en especial del Cristo crucificado, se confirma además con el episodio de los estigmas en las manos (vv. 106-108). En fin, Dante, o Santo Tomás, expresan finalmente el sentido alegórico de esta mujer vieja, abandonada y despreciada: es la Pobreza. Los novios de esta historia excepcional son Francisco y la Pobreza. Erich Auerbach, el gran dantista, que nos guía aquí desde el primer momento, subraya el alcance abiertamente sexual, la referencia al cuerpo de la mujer, de la expresión casi “expresionista”: “la porta del piacer”. La traducción de Picó borra el significado literal, como también lo hacen, la de Ángel Crespo y la de Abilio Echeverría, no así la versión en prosa de Nicolás González en la BAC. A la que seguimos ahora: “No estaba (San Francisco) muy lejos del orto cuando comenzó a hacer sentir a la tierra algún consuelo con su gran virtud, pues a tal señora, siendo jovencillo, en contra de la voluntad de su padre,se dedicó a la cual, como a la muerte, nadie abre la puerta del placer, y delante del tribunal del espíritu et coram patre, y después la amó más intensamente de día en día ” (vv. 55-63). Francisco, hay que entender, sí abrió aquella puerta, su boda con la Pobreza se consumó “realistamente”. El tópico de un poeta de ultratumba debe matizarse. El citado Auerbach lo explica sistemáticamente en su libro canónico: Dante, poeta del mundo terrenal. Poeta, el florentino errante, también, por antonomasia, de la Iglesia Católica, de lo que es recomendable signo el bello texto sobre Dante del actual Papa, que a su vez menciona a otros del siglo pasado. Dante católico y terrenal, católico, así pues, terrenal.

 

 

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