Ezequiel Mampel Amela OFM (1844-1927)

Franciscano, religioso laico, escultor. Fr. Ezequiel Mampel nació en Forcall, provincia de Castellón en España, el 17 de diciembre de 1844. Vistió el hábito franciscano en Cocentaina el 15-V-1880 y un año después, terminado el noviciado, hizo la profesión. En todos los conventos donde estuvo de familia se mostró siempre modelo y ejemplar de virtud, siendo en extremo respetuoso para con todos, especialmente para con los sacerdotes, a los que mostraba una profunda veneración. Escultor de oficio, los superiores lo ocuparon casi continuamente en la construcción de imágenes. Su taller parecía el taller de Nazaret, donde siempre se respiraba silencio y oración, y mientras modelaba en el leño los emblemas de la santidad, iba también grabando en su alma los moldes de la virtud, esforzándose por asemejarse a aquellos que con tanta unción reproducía en sus obras. Lleno de méritos y de años, se durmió santamente en el Señor, en el monasterio de Santo Espíritu del Monte (Gilet, Valencia), el 8 de noviembre de 1927.
Este aventajado discípulo de D. Modesto Pastor, además de acudir solícito a las demandas de nuestros conventos, a los que dotó de imágenes, altares y de cuanto se relaciona con el bello arte, trabajó también para insignes bienhechores de los frailes y para numerosas asociaciones religiosas de los pueblos de la región, en cuyos altares se veneraron buen número de sus imágenes rebosantes de unción religiosa. El crítico de arte P. Bernardino Cervera distingue dos etapas en el proceso de la actividad artística de este santo religioso: «Abarca la primera como el primer tercio de su vida artística, en que tiene viva la visión de las formas reales y su fuerza expresiva, encarnando en sus imágenes cierto individualismo peculiar, y un robusto modelado… A partir de este lapso de tiempo, nuestro artista no abandona la expresión de su temperamento individual, pero a la manera del que obra impulsado por un recuerdo vago, va descuidando la forma, se amanera; en cambio, envuelve sus imágenes en un ambiente de beatitud tal, que sus cuerpos parecen como absorbidos por el espíritu» ( Acción Antoniana, nº extr. de 1929, p. 98). De las numeras obras de este artista se han salvado de la devastación marxista de la década de los años 1930, el San Francisco de D. Paco Gozálbez de Cocentaina, que pertenece a la primera época, y el Cristo Crucificado del convento franciscano de Cocentaina.
Conrado Ángel, Religiosos ilustres…, Petra 1988, p. 263