Oraciones de las celebraciones del Triduo Sacro
P. Ruiz Verdú OFM
JUEVES SANTO

Oración colecta
Oh Dios, al celebrar la Cena santísima en la que tu Unigénito, cuando iba a entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno y el banquete de su amor, te pedimos alcanzar, de tan gran misterio, la plenitud de caridad y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor.
Dios mismo nos ha convocado y nos ha reunido para la celebración de esta tarde. Es la llamada del Padre que quiere reunir en torno a su mesa a todos sus hijos. Es un gran día, agridulce, pues celebramos cuando Jesús, en aquella Cena memorable, se queda con nosotros como vecino de nuestro pueblo y animador de nuestro caminar por esta vida hasta alcanzar la eterna, pero envuelto en la tristeza de su próxima muerte, tan necesaria para nosotros,
Este amor tan entrañable, tan fuera de serie, tan sin igual, lo manifiesta Jesús antes de entregarse por nosotros a la muerte. Es el banquete de su amor, confiado a la Iglesia para gloria de Dios y beneficio nuestro. Regalo más grande no nos podía dar. Por eso, sería una injuria al amor de Jesús hacia nosotros, desear alguna cosa mejor. Es como despreciarle a Él.
Este banquete, que no es como los que celebramos en esta tierra, es el memorial, es decir, hacemos presente lo que hace tiempo, históricamente, Cristo realizó: los misterios de su vida. Sólo la fe capta este misterio; sólo la fe descubre el amor encerrado en los sencillos gestos realizados en la celebración de la Eucaristía sobre el altar. Es el sacrificio de la eterna alianza: Dios se ha comprometido definitivamente en favor nuestro. No es posible que en el futuro haya otra alianza que perfeccione la realizada en Cristo Jesús en la cruz. Es la definitiva. Dios no tiene nada mejor que darnos ni que decirnos.
La Eucaristía es el sacramento del amor; es donde Jesús manifiesta de manera especial su eterno y misericordioso amor por nosotros. Por eso pedimos que la celebración de estos misterios nos lleve a alcanzar la plenitud de la caridad y de la vida. Porque el amor exige amor y con amor se paga. Y el amor conduce a la vida. He aquí el secreto del verdadero amor: siempre es vida, y vida verdadera y gozosa, como la de Dios. Que así sea para nosotros.
Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor, participar dignamente en estos sacramentos, pues cada vez que se celebra el memorial del sacrificio de Cristo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo nuestro Señor.
Contemplemos a Jesús sentado a la mesa con sus discípulos para comer el cordero pascual, memorial de la liberación de la esclavitud de Egipto en tiempo de Moisés. Han pasado siglos desde aquella noche memorable. Pero ha llegado el momento que la imagen se haga realidad. Este es el deseo de Jesús; “Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer” (Lc 22,15).
Esta Cena, este banquete, será para nosotros el memorial del sacrificio que Jesús iba a ofrecer al día siguiente en la cruz: pan partido y vino compartido -cuerpo y sangre de Cristo- entregados por nosotros.
Y pedimos: Concédenos, Señor, participar dignamente de esta celebración eucarística, donde se realiza la obra de nuestra redención: la pasión de Jesús y su resurrección, su gozosa presencia entre nosotros y la espera de su futura venida.
Que sea para todos crecimiento en el amor a Cristo Jesús y acto de gratitud a Dios Padre, que a todos nos santifica en el Espíritu Santo.
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, alimentados en el tiempo por la Cena de tu Hijo, concédenos de la misma manera, merecer ser saciados en el banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
También nosotros, como los apóstoles, hemos estado presentes en la Cena del Señor y hemos oído a Jesús decir “Esto es mi cuerpo”; “esta es mi sangre”, y él nos ha llamado para que lo recibamos de sus manos. Y a él hemos recibido. Y le hemos escuchado palabras de vida, palabras de amor, de entrega a la muerte por nosotros, palabras de unidad Y nos ha dado la fuerza necesaria para acompañarle a orar y velar, unidos a él, en Getsemaní.
Con esta confianza, le dirigimos a Dios Padre, esta oración propia de la celebración de la Pasión del Señor el día del Viernes Santo:
Dios todopoderoso y eterno, que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de tu Ungido, Jesucristo;, continúa realizando en nosotros, por la participación en este misterio, la obra de tu misericordia, para que vivamos siempre entregados a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
VIERNES SANTO

Oración inicial segunda
Oh Dios, tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza. Concédenos hacernos semejantes a él. De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana, la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia, la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Iniciamos la celebración del Viernes Santo dialogando con Dios Padre. Y lo hacemos recordándole la pasión de su Hijo, Jesucristo. El beneficio de los sufrimientos de Cristo ha destruir la muerte injertada en nosotros como consecuencia del antiguo pecado, aquel que se cometió en el paraíso y desorganizó el plan de Dios.
Y le pedimos que el fruto de la muerte de su Hijo sea hacernos semejantes a él. Semejanza, no sólo participando después de la muerte, de su gloria; sino, antes, en esta vida, llevando nuestra cruz con los ojos mirando hacia la cuz de Jesús.
Con su muerte, Jesús no graba encima de nuestra imagen de Adán, la nueva imagen suya, sino que destruye y borra la de Adán, y en su lugar graba la imagen de la gracia que él ha realizado con su muerte; imagen que es perdón, obediencia y amor. Esta es la imagen que llevamos impresa y cuyo cometido es dar fruto abundante. El Espíritu Santo, enviado a nuestros corazones por el Padre, es quien nos capacita para ello. Así sea.
VIGILIA PASCUAL

Oración después de la comunión
Derrama, Señor, en nosotros tu Espíritu de caridad, para que hagas vivir concordes en el amor a quienes has saciado con los sacramentos pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Hemos llegado al final de nuestro camino: ¡Cristo ha resucitado y nosotros con él! Nos queda hacer vida real los regalos de Dios, sin esconderlos. Hemos sido fortalecidos, pero somos débiles, sobre todo en el amor. Por eso le pedimos al Señor que derrame en nosotros el Espíritu de caridad, a fin de que el fruto de la Cuaresma, de los ejercicios de penitencia que hemos realizado, sea vivir un auténtico amor cristiano, porque si le ponemos trabas al amor fraterno y no crece… ¿hemos resucitado con Cristo Jesús?
De ahí, que el Domingo de Resurrección, con el corazón lleno de alegría, le pedimos a Dios que proteja a su Iglesia, a cada uno de nosotros, con misericordia perpetua, y que los sacramentos pascuales, de los cuales vamos a participar frecuentemente durante nuestra vida temporal, nos lleven a la gloria de la resurrección.
¡Aleluya! Rey vencedor
apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte en tu victoria santa.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.