La Resurrección
VIII
Conclusiones

1º Lo primero que se observa es que la iniciativa de la aparición pertenece al Resucitado. Se deja ver por la capacidad y poder que posee para hacerlo, al estilo como se revela Dios a Israel. Esta revelación entraña que a Dios no se le puede ver, en el sentido que no puede ser captado por las facultades naturales del hombre.
2º Para aquel al que se aparece Jesús no supone un ver físico, sino un ver que es observar, percibir, y conduce al conocimiento de la dimensión divina del Resucitado sólo posible al poseer el Espíritu (cf 1Cor 12,3). es muy difícil que se dé una proyección subjetiva de los discípulos que les haga ver y creer que Jesús vive: no se puede saber el modo o la forma de la aparición.
3º La mayor resistencia a la creencia de saberlo vivo proviene de los discípulos, a los que se les manda ser testigos y proclamar la resurrección (Lc 24,22-23). Aparecer es sinónimo de existir, y existir no entraña necesariamente una relación sensible de tipo corpóreo, sino de certeza de la presencia. La misión forma parte esencial del motivo por el que Jesús se encuentra y come con sus discípulos una vez resucitado por Dios.
4º Dios es el protagonista de la resurrección de Jesús. Tan es así que en las comunidades cristianas nombran a Dios como Aquel que ha resucitado a Jesús(111). Las confesiones de fe en la resurrección afirman de forma categórica que la obra de la resurrección proviene del poder del amor del Padre al Hijo.
5º Dios guarda silencio cuando Jesús le pide ayuda en Getsemaní (Mc 14,36par). Ante el silencio de Dios, Jesús acepta cumplir su voluntad. Esta voluntad lleva consigo no distorsionar el rostro amoroso de Dios que ha mostrado durante su ministerio. La crucifixión y muerte de Jesús advierten de la ausencia de un Dios Todopoderoso entendido como simple fuerza física. Dios es Padre y Soberano de todo. Ahora la creación entera está bajo su mirada y providencia, aunque su Reino en plenitud se dará al final del tiempo, cuando «Él sea todo en todos» (1Cor 15,28).
6º La cruz revela que Dios sufre, pero el dolor se relaciona con su amor, por su plenitud de amor. Dios no desciende de la cruz a Jesús, precisamente por ser Dios, ya que lo que se revela en este patíbulo es su dimensión de amor y no el Dios omnipotente del judaísmo tradicional,
7º La resurrección deshace los dos interrogantes que quedan abiertos con su muerte y enunciados al principio del capítulo:
a) Dios responde con la resurrección a la fidelidad que le ha demostrado Jesús hasta su muerte. La frase que resume esta situación la expresa con toda claridad Mateo: «Se ha fiado de Dios: que lo libre si es que lo ama. Pues ha dicho que es hijo de Dios» (Mt 27,43).
b) La resurrección convalida la presencia histórica del Reino para sus seguidores y su pueblo marginado, ratificándole como mediador de la salvación de Dios:
—Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6)
—y la experiencia de Pablo: «… ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí. Y mientras vivo en carne mortal, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20).
8º Seguir la doctrina y la vida de Jesús termina en percibir y apostar por una concepción de la existencia como relación fraterna. Es la salida inmediata que toman los primeros testigos que proclaman su resurrección: «Eran asiduos en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la solidaridad, la fracción del pan y las oraciones» (Hech 2,42).
9º El futuro de la vida más allá de la historia lo asegura la resurrección de Jesús al ser una primicia (1Cor 15,20) de la resurrección de la creación entera (Rom 8,15-17.19).
10º Los cristianos comprenden la resurrección como un acto de Dios, como un acto del amor paterno divino. Con ello Dios revela la nueva dimensión a la que está destinada la historia humana, porque la resurrección de Jesús se confiesa como una primicia del destino global de la historia (Rom 8,22).
11º Los discípulos elegidos no se centran ni en el hecho de la resurrección ni en relatar la identidad del Resucitado. Todo apunta a que la resurrección entra de lleno en la nueva dimensión de la realidad que Dios tiene destinada y preparada para sus criaturas y para la creación entera. Es una realidad ciertamente objetiva, pero está más allá de la realidad creada.
—El acceso a la resurrección se ofrece por medio de la experiencia creyente de los discípulos que los transforma radicalmente.
—Las apariciones fundan la misión. Lo que está en juego en estas narraciones es el acto del poder amoroso de Dios sobre Jesús, del cual los discípulos son testigos y, transformados por su encuentro con él, reviven su vida y su mensaje desde la perspectiva resucitada. Con esto se abren al mundo nuevo que Dios ofrece a la creación. De aquí nace el pueblo de la nueva alianza, que será el ámbito natural donde se crea al Hijo de Dios, se experimente su Señorío y se le ofrezca a los judíos y a los gentiles, es decir, a la creación entera, que se convierte en el nuevo cuerpo del Resucitado (Rom 7,4; 12,5.27; Col 1,18.24; etc.).