SAN ANTONIO FRANCISCANO

II/III

Rafael Sanz Valdivieso OFM

Los restos mortales de los cinco Frailes, Berardo, Pedro, Acurcio, Adjuto y Otón, martirizados el 16 de enero de 1220, fueron recogidos y repatriados a Portugal por el Príncipe don Pedro, hermano del Rey Alfonso II y entregados a don Joâo Roberto, canónigo del monasterio de Santa Cruz de Coimbra, adonde llegaron después de pasar por Astorga, para que los despositase en su Iglesia. Se relaciona la decisión de Fernando Martins de mudarse a los Frailes Menores movido por el ejemplo magnífico de aquellos mártires y atraído por la vida evangélica que trataban de seguir aquellos frailes que pedían limosna en Santa Cruz. Su deseo de entregar la vida en el martirio y su propósito de ir a Marruecos, siguiendo el ejemplo de los frailes allí decapitados por anunciar a Cristo, le movieron a vestir la estameña franciscana y a cambiar su nombre. Desde entonces será conocido fray Antonio como fraile mendicante y misionero, pidiendo ser enviado de inmediato a tierras de Marruecos.
Entre el mes de abril y mayo de 1220, o a lo más tardar en el verano de ese año, se trasladó a San Antonio de los Olivos para vivir con los Frailes Menores, poniendo en práctica su vida y Regla según el santo evangelio, tal como San Francisco la escribió. Entre los Menores aún no se había introducido, por entonces, el año de noviciado o de probación, pues la bula papal que lo disponía como requisito lleva la fecha del 22 de septiembre de 1220, por lo que es de suponer que la toma de hábito era a la vez profesión de la Regla anterior a 1221 y aprendizaje de los usos y costumbres de la Orden franciscana. Pero no hay detalles que aludan a un cambio en el “estilo de vida religiosa”, sino siempre al deseo de ser enviado como misionero y llegar a ser mártir de Cristo.
La vocación franciscana de Antonio se manifestaba, al comienzo, como entusiasmo arrebatador y concreto que le llevaba a suspirar el martirio por amor a Cristo, aunque después de 1221 y de su participación en el Capítulo de las Esteras, se manifestará por la práctica de la simplicidad evangélica, a ejemplo de Francisco, es decir, cuando la vida franciscana se había ya posado en su experiencia de la vida de Fraile Menor, en el eremitorio de Montepaolo (Bolonia), en la enseñanza de la teología y la predicación.
A Marruecos marcha acompañado por otro fraile franciscano, de quien no sabemos el nombre, los primeros días de diciembre de 1220 y allí no encuentra el martirio, sino una enfermedad que hace cambiar sus propósitos, ya que tiene que volver a embarcarse de regreso a Lisboa. La aceptación de la voluntad de Dios y de su propia vocación le reservaban aún otra sorpresa, porque la violentísima tempestad desatada al comenzar el viaje de vuelta juega con el barco hasta depositarlo en las costas de Sicilia, cerca de la ciudad de Mesina, donde se encontraba situado un “locus” de los Frailes Menores en el que encuentra refugio y se repone de la enfermedad y de las inclemencias del tempestuoso viaje.
En una ocasión, otoño de 1222, se situaría el peculiar descubrimiento de sus dotes oratorias, su palabra breve y profunda, su memoria prodigiosa, capaz de ganarse la atención creciente y tocar el corazón de sus oyentes, cuando acudió a Forlí con el grupo de hermanos que tenían que recibir la ordenación sacerdotal, quizá en las témporas de septiembre. Había transcurrido un año o poco más de su llegada a Montepaolo. Desde la Cuaresma de 1222 y durante el año 1223 predicó por el norte de Italia, Emilia Romaña, Lombardía, Piamonte, regiones en las que pululaban movimientos sectarios, nacidos al amparo de la corriente de intenso retorno a la vida evangélica, la pobreza y el seguimiento de Cristo crucificado, sostenido por gentes de origen burgués, menestrales, artesanos y comerciantes, que decepcionados por los desvaríos del clero pudiente trataban de vivir la fe con sencillez y coherencia. Cátaros, albigenses, beguinos y valdenses, pobres de Lombardía, habían comenzado cumpliendo a la letra el evangelio que manda dejar todo, darlo a los pobres y seguir a Cristo bajo el signo de la penitencia y la cruz. Enseñaban a otros y les predicaban o enseñaban la penitencia y pobreza evangélica practicada por Jesús y sus discípulos. Así la ciudad de Rímini era un centro de gran actividad del movimiento cátaro-patarino.

III. San Antonio Maestro

Durante este primer período de su predicación desempeñó también la cátedra de teología en Bolonia. Bolonia era, entonces, el primer centro de formación de la orden franciscana, erigido entre 1219-1220 por el Ministro provincial Giovanni Strachia. Esta novedad supuso un choque serio con la forma de pensar de San Francisco, temeroso de que el estudio pudiera apartar a los frailes de la auténtica minoridad.. Resuelta la propiedad de la casa, a San Antonio le nombra el mismo San Francisco lector de teología, según dicha carta de 1223-1224, en la que se cita el cap. 5, 2 de la Regla aprobada el 19 de noviembre de 1223.
Con la carta, la bendición y aprobación de la enseñanza de la teología en el centro que inaugura San Antonio, para el que le nombraría oficialmente el Obispo de Bolonia, como el primer lector o maestro de teología entre los Frailes Menores. Esa enseñanza fue pública aunque duró poco porque le veremos en 1224 marchar a Francia, a la región de Languedoc, para predicar a los albigenses; allí también habría enseñado teología en Montpellier y en Toulouse por los años 1225-1227.
En 1223, después de predicar en Rímini, o en la primavera de 1224 durante la predicación de la Cuaresma, se encontraría durante algunos meses con el canónigo regular agustino Tomás Gallus, que residía en Vercelli, como abad del monasterio de SanAndrés. Tomás Gallus venía de la Escuela de San Víctor de París, de donde había sido llamado por el Obispo Richerio Gualla, fundador del monasterio de Vercelli. Allí San Antonio entró en contacto con la teología mística de Dionisio Areopagita
En los meses finales de 1224 San Antonio fue invitado a ir al sur de Francia, donde permanece hasta 1227 como hemos mencionado, para predicar a los albigenses. De esta misión en Francia nos dan noticia las “legendas” Benignitas y Rigaldina, con datos y tradiciones locales. El itinerario recordado en ellas menciona las ciudades de Montpellier, Toulouse, Puy, Burdeos, Brive, Bourges, Arles, Limoges. En estos mismos años habría enseñado teología, al menos, en dos de ellas, Toulouse y Montpellier, en la que los hermanos Dominicos habían creado un “Studium generale” y los Franciscanos probablemente intentaran hacer otro tanto; por eso llamaron a San Antonio, secundando la petición del Papa Honorio III de enviar predicadores que por su celo, ciencia y santidad, fueran capaces de sostener un apostolado difícil en medio de los movimientos heréticos de la zona, predicación que se transformó en “cruzada” cuando la misión pacífica de exhortación y conversión se mezcló con otros intereses y reformas necesarias, prolongándose hasta 1229.

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.