La “Nueva cantiga de la Arrixaca” de Gerardo Diego

 

Francisco Javier Díez de Revenga

 

Gerardo Diego escribió en 1943 la Nueva cantiga de Santa María de la Arrixaca para participar en el concurso convocado para conmemorar el VII centenario de la conquista del reino de Murcia por el infante don Alfonso en el reinado de Fernando III el Santo, en 1243. El poema lo editaron en un elegante cuaderno de Las Horas Situadas, en 1948, Irene y José Manuel Blecua y fue reeditado en facsímil por la Real Academia Alfonso X el Sabio en 1996 en conmemoración el centenario de Gerardo Diego. En 1949 lo había incluido el poeta en su libro La luna en el desierto y otros poemas, publicado en Santander. Se inspira Gerardo Diego para crear este nuevo poema en la cantiga 169, la de Santa María de la Arrixaca de Alfonso X el Sabio, que figura en el códice de El Escorial de las Cantigas de Santa María, una de las primeras y más hermosas páginas de la literatura murciana.
He aquí el texto completo de la interpretación y reelaboración de Gerardo

Diego:

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
si por ella España entera
limpia se ve de mancilla.
Era una vez un rey padre
y una dulce reina abuela.
Él se llamaba Fernando
y la abuela Berenguela.
Tanto quería a María
que entre una y otra candela
siempre ardiendo, la llevaba
—qué bulto de plata esbelta—,
tierras de León y Castilla.
Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
si por ella España entera
libre se ve de rencilla.
Corona de rey le ciñe
Berenguela a su Femando
y corona de más precio
le va en sus sienes orlando
esa Virgen de los Reyes
que a los santos de su bando
les escoge y prende y ata
todo un rosario de estrellas
en la frente que se humilla.
Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
si por ella España entera
ha vuelto a su fe sencilla.

Pues la Virgen que ahora canto.
Virgen de Reyes ya es.
Si ayer eran madre e hijo,
con el Príncipe hoy son tres.
Ved al nieto en la cuna.
Alfonsico cumple un mes.
Y ama Urraca va a adormirle
y una cantiga le canta
de la Virgen morenilla.
Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
que ella reina en toda España
—mar azul, tierra amarilla.
Si de niño ya sonríe al oír gozo
y loor y milagro vuelto
en música de la Madre del Mejor,
si, infante, remansa y sueña,
¿qué no hará cuando mayor?
En Villadelmiro crece
y en Celada del Camino
que es una bien chica villa.
Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
si por ella España mora
se ha de rendir a Castilla.
Cuando el Príncipe ya sabe
tañer, trovar y cantar,
cuando ya goza la estrena
de amor y guerra a la par,
convoca en Toledo a cuantos
juglares de mar a mar
saber milagros y rosas
y glosas de la que le dijo
a San Gabriel: "Ecce, ancilla"

Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
si por ella España entera
el corcel de Alfonso ensilla.
Quien deje a Santa María
por otra, qué gran locura.
Folia hará quien la olvide
por humana criatura.
Al demonio mis amores,
que he de trovar con mesura
loor de mi reina y dama,
pues por ella, la Gloriosa,
Murcia será de Castilla."
Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
sí Alfonso X el Sabio
a sus plantas se arrodilla.
Desde el minarete agudo,
la huerta, qué hermosa y verde.
Hasta Beniel y Orihuela,
cómo la vista se pierde.
Y esta espuma de palmeras
—quién te vio y no te recuerda—
salpicando la muralla,
y noventa y cinco torres,
al cuál doncella más bella."
Murcia tiene una Arrixaca
y la Arrixaca una Estrella.
Y la Estrella —Ave. María—
un Lucero que destella.
De Valencia la Mayor
y de Génova y de Pisa
y de Sicilia y de Malta
y de toda la cornisa
tirrena, los mercaderes
a pedirle una sonrisa
vienen hasta la Arrixaca,
y sus más devotas preces
buen refugio hallan en ella.
Murcia tiene una Arrixaca,
una Madre que es Doncella.
Dos lumbres son una sola.
Un Lucero en una Estrella.
Rey, Alfonso, se corona,
que su padre subió al cielo
y le dejó en santa herencia
su cristianísimo celo
por la conversión de infieles
y el rescate de su suelo.
Ya son cristianas, marianas,
la Mezquita y la Giralda
en Córdoba y en Sevilla.
Que Santa María quiera
la honremos, no es maravilla
si aguas del Guadalquivir
la ven sentada en su silla.

Mas los moros se rebelan
y Murcia a Alfonso reclama.
Domeñados los rebeldes.
pide audiencia al Rey la Aljama,
que les derribe la iglesia
donde Mariem les infama.
Peor por más que se aguzan
las negras uñas del odio,
vence la santa barraca.
Murcia tiene una Arrixaca
y la Arrixaca una Estrella.
Y de ella nació un Lucero
sin dejar rastro ni huella.
El Rey hace testamento
que ya la muerte le alcanza.
Y porque en Santa María
siempre hubimos buena estanza,
a Ella pedimos merced
pues siempre es nuestra esperanza,
que ruegue por nuestra ánima,
que ángeles santos la acojan
y no diablos en querella".
Murcia tiene una Arrixaca
y la Arrixaca una Estrella.
Dicen que nació en un pozo,
agua de oración y gozo.
Ya tiene el Rey sus entrañas
en Murcia, la siempre fiel,
—aire herido de azahares,
lecho de seda y de miel—.
Ya descansa el corazón en
su reposo y nivel,
corazón que aquí en la tierra
de Murcia halló su consuelo
y en el cielo en una Estrella.
Murcia, la de la Arrixaca,
con su Virgencica bella,
la morisma y judería
desvendaba y convertía.
¿Cómo no hemos de quererte.
Madre del amor florido,
ni del nuevo atroz milano
guardaste escondido el nido.
y por ti salvos estamos
como tu pueblo elegido?
¿Cómo no cantarte a ti,
a ti. Reina verdadera,
María de la Arrixaca,
Santa María, palmera
tan alta que maravilla,
si por ti mi España entera
cree en Dios y se arrodilla?

Si la comparamos con la cantiga 169 de Alfonso X el Sabio, se pone de relieve que la estructura métrica utilizada en este poema coincide plenamente con el constante deseo del poeta contemporáneo de experimentar nuevas formas para la métrica, aunque sea partiendo de arcaicas o abandonadas estructuras rítmicas. La cantiga de Gerardo Diego contiene un aumento de sílaba por verso, un verso por estrofa y una estrofa en el total del poema. De manera que está compuesto de trece estrofas de nueve versos cada una, más los cuatro del estribillo adherido a cada estrofa. Es decir, trece octosílabos en trece estrofas, en vez de doce heptasílabos en doce estrofas como la cantiga de Alfonso X el Sabio. Los estribillos van variando, aunque siempre conserven algún parecido que va disminuyendo conforme se avanza hacia el final del poema.

Prácticamente en Gerardo Diego no se da la idea física del estribillo, aunque se repita el recuerdo o intención que se propuso en el primero. De todas formas, los seis estribillos iniciales repiten sus dos primeros versos todas las
veces. Luego habrá diversas variaciones que se irán alternando. Sin embargo, sí es fija la rima consonante de los versos pares, mientras los impares quedan sueltos, en las seis primeras estrofas, terminando, como la alfonsina, en —illa. A partir de la séptima, surgen variaciones, que en la doce la varían totalmente. En la trece, se recupera la rima en —illa, como en un deseo de reintegrarse al sonido original alfonsí. Las estrofas o mudanza que preceden a cada estribillo están compuestas de nueve octosílabos, seguidos, como queda dicho, del falso estribillo. Los versos pares riman entre sí en consonante, a excepción del octavo que queda suelto como todos los impares. Se reproduce notablemente el ritmo tradicional del romance castellano. Por último, el verso noveno viene a realizar la antigua función del verso de vuelta, ya que rima con los pares del estribillo que va a aparecer inmediatamente. La complejidad de la estructura métrica, con ciertos respetos a los esquemas antiguos, aunque también con indudables innovaciones, responde plenamente al estilo de Gerardo Diego. Es advertible también el deseo de evocar la cantiga de Alfonso X, pero con las variaciones de su personal elaboración tan revolucionarias como inconfundibles.
No se trata de una traducción ni de una reelaboración, sino de “nueva” —como la titula el poeta— cantiga. Una de las diferencias más notables de la nueva cantiga respecto a la alfonsí, es que argumentalmente difiere en mucho de su original, sobre todo por su amplitud temática y temporal. Obsérvese que el poeta santanderino parte de mucho más atrás en el tiempo, es decir de la época del nacimiento de Alfonso X el Sabio y aun antes.

La primera estrofa, por ejemplo, está dedicada a glosar la vocación mariana del rey Fernando III el Santo y su madre la reina Doña Berenguela, con bellas evocaciones de objetos —la candela siempre ardiendo— y de las entrañables tierras castellanas, tan sentidas por el poeta en muchos lugares de su obra. La maestría en las metáforas —"qué bulto de plata esbelta"— está también muy presente en esta estrofa introductoria. El estribillo, que va variando según avanza el poema, recoge —como hemos dicho al hablar de la métrica— recuerdos del alfonsí —"Santa María", "maravilla"—, pero los cambios operados le hacen marchar por distintos caminos. Las estrofas siguientes discurrirán en hermosos recuerdos de la niñez de Alfonso X, que va adquiriendosu vocación mariana desde los cantos y cuentos de su ama, hasta sus primeras trovas de príncipe. Obsérvese cómo el estribillo va incrementando efectos poéticos de variados matices. Entre ellos destacamos los colorísticos del final de la tercera estrofa, que quieren describir con dos pinceladas impresionantes el variopinto mapa de España: "mar azul, tierra amarilla.

Y también el anhelo militar de la España medieval de hacerla cristiana o la fidelidad total al rey, al acceder este al trono, se reflejan en los estribillos que interrumpen en cierto modo la narración para sugerir tales efectos. El rey inicia su oración o milagro a partir de la estrofa sexta. Ahí expresa su intención de dejar sus amores juveniles terrenos para cantar a la Virgen en el deseo de que Murcia sea de Castilla. En la siguiente —por voz del monarca— hace Gerardo Diego el elogio de Murcia, recordando sobre todo el color de la huerta. Para ello se sirve de hermosos recuerdos también impresionistas, y algunos tan expresivos como "espuma de palmeras. El recuerdo permanece vivo en el monarca y en el poeta al pasar por esta imagen de la huerta. A partir de la estrofa octava, todo se ajusta argumentalmente a la cantiga alfonsina. Se recuerda la alusión del rey a la intensa devoción que la Arrixaca suscitaba en todo el Mediterráneo, de cuyos alejados lugares traían las gentes sus preces. Tras recordar, en la novena estrofa, la subida al trono del monarca de las Partidas —"Rey Alfonso, se corona"— y la
posesión cristiana de Córdoba y Sevilla, pasa en la décima a continuar el emotivo relato alfonsí. Se recuerda la rebelión de la aljama, el consentimiento de destruir la ermita y la posterior imposibilidad de llevarlo a cabo por no desearlo la Virgen. Todos estos hechos pertenecen, como habrá podido advertirse, al propio relato del rey sabio en la cantiga 169, de la Arrixaca.

Es muy destacable la intervención en este contexto del estribillo con sus aportaciones evocativas y estéticas. La imagen del río Guadalquivir personificado, contemplando la sedente y sosegada mirada de la Virgen sobre el río, en una intuida sensación reflexiva, o las constantes alusiones al sugerente símbolo del divino Lucero y la Estrella convertidos en una sola luz, forjan el contenido estético que va aportando el estribillo. El valor de estas interrupciones del relato general en sustitución de los versos corales tradicionales repetidos, revelan al poeta moderno frente a la tradición, convirtiéndose en su reformador en busca de una expresividad nueva.

En estos términos se llega a las estrofas finales. Ya se ha sobrepasado el relato de la cantiga de Alfonso y se recuerda la disposición testamentaria de que el corazón real pase a estas tierras murcianas. Gerardo Diego quiere ver, en este deseo alfonsino, su intención de permanencia en la ciudad que le mostró a la Arrixaca y su milagro. Aparecen ahora los atributos de Murcia, su fidelidad y sus bellezas naturales, de nuevo en una repentina y magnífica explosión de imágenes sensoriales, expresivas de sosiego y riqueza: aire herido de azahares, lecho de seda y de miel"—. Vive el poeta en estos momentos la evocación plena de Murcia y su Arrixaca, como algo latente que, incluso en el estribillo, recurre al diminutivo regional, reflejo de lo vivo y constante de su recuerdo murciano —"Murcia, la de la Arrixaca, / con su Virgencica bella… Antes, al recordar la infancia del rey, lo había denominado Alfonsico. Con una expresiva interrogación termina el poeta rezando en verso —como tantas veces ha hecho a lo largo de su obra—. Se identifica en el tiempo con el Alfonso X devoto de la Virgen, uniendo en su plegaria la propia voz real con la suya ferviente y poética. La presencia del monarca no ha faltado en ningún momento en la mente de este poeta católico y moderno. El ritmo se ha mantenido, la historia ha sido rediviva.

Gerardo Diego

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.