ENSEÑANZAS DE JESÚS
Del divorcio

«Se dijo: Quien repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio (Dt 24,1). Pues yo os digo que quien repudia a su mujer -salvo en caso de fornicación- la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio+ (Mt 6,31-32; cf. Lc 16,18).
Mateo cita un texto del Deuteronomio donde se regula el divorcio (Mt 24,1)(39). En otro texto defiende la unidad del matrimonio según la voluntad de Dios sin olvidar el acta de divorcio prescrita por Moisés: «Por vuestro carácter inflexible os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres. Pero al principio no fue así+ (19,8). Y Marcos expresa, sin la excepción de la fornicación de Mateo, el pensamiento de Jesús de esta manera: *Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer (Gén 1,27; 5,2), y por eso abandona un hombre a su padre y a su madre, se une a su mujer, y los dos se hacen una carne. De suerte que ya no son dos, sino una sola carne (Gén 2,24). Pues lo que Dios ha juntado que el hombre no lo separe» (Mc 10,6-9; Mt 19,3-9).
Jesús contesta a los fariseos invocando la intención primera de Dios. El hombre y la mujer son dos personas (cf Gén 1,27) con idéntica dignidad, de manera que el proyecto divino sobre su unión se funda en esta igualdad personal. Jesús pasa por alto laafirmación del Génesis (3,16) donde se contempla la relación conyugal bajo la experiencia del pecado y se acepta el dominio del hombre sobre la mujer: «Tendrás ansia de tu marido y él te dominará». La igualdad entre el hombre y la mujer del principio se fortalece con la otra cita de Gén 2,24: la unión del hombre a la mujer, por la que se justifica la separación de los padres, supone una adhesión completa, y su comunión origina una realidad nueva que conforma la imagen de Dios en la historia (cf Gén 1,27). Hacerse «una sola carne» implica una alianza originada por la voluntad divina, superior y distinta a la voluntad humana de acoplamiento de los conyuges. Por esto el consentimiento humano es reflejo y símbolo del amor de Dios a su criatura, y la voluntad no se contempla con la capacidad de deshacer lo que ha realizado Dios. El hombre, pues, no posee la facultad de crear la nueva realidad humana, «hacerse una sola carne», proveniente de la voluntad de Dios. La conclusión de Jesús es evidente: el divorcio que se origina a partir de la decisión del varón no es lícito. El acta de repudio queda anulada por oponerse a la intención divina en los orígenes de la creación. Moisés permite, que no manda, dar el libelo de repudio para salvar una situación que nace de la dureza del corazón y que lleva consigo abandonar a la mujer a su suerte con el riesgo de que se convierta en una esclava o sea vendida.
Según Mateo hay una excepción para justificar el divorcio: la fornicación. Este término significa un desorden sexual o cualquier acto sexual no legítimo. En nuestro caso alude a la actividad sexual que una mujer casada practica fuera de su matrimonio, que es lo mismo que adulterio. Cuando se comete adulterio, la unión conyugal se deshace, pues para Israel la fornicación fuera de las relaciones conyugales destruye su cultura y su piedad.
En la tercera antítesis Jesús añade que un varón que se case con una divorciada comete también adulterio. El libro del Deuteronomio (24,4) prohíbe a un varón casarse de segundas nupcias con la mujer que antes fue su esposa y se había divorciado de ella: «Sería una abominación ante el Señor: no eches un pecado sobre la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en heredad». Mateo tipifica este pecado como adulterio y lo aplica a todas las mujeres separadas. Pero, de hecho, sólo impide casarse a las adúlteras, pues el divorcio se da en su caso exclusivamente.
En definitiva, Jesús, al identificar divorcio y adulterio, «quien repudie a su mujer […] comete adulterio», ratifica la defensa de la unión según la voluntad primera de Dios y que es algo que no se tiene en cuenta en la jurisprudencia judía de entonces. Con ello impide que la mujer sea rechazada por el marido al tener éste solo la capacidad para dar el acta de divorcio. Es una consecuencia de la defensa de la mujer contemplada en el ámbito del Reino, en el que se ampara la dignidad de todos los excluidos por cualquier causa en la sociedad. Por eso Jesús no cita a la Torá para avalar su opinión. Cita a Dios, «al principio no fue así», porque es el que salvaguarda la vida humana y mantiene su potencia amorosa. Con ello favorece la igualdad y corresponsabilidad del hombre y la mujer, que la Ley no contempla; y mantiene el principio teológico del matrimonio como una alianza que es un espejo de la alianza de Dios con su pueblo en la que se resalta la fidelidad y la misericordia mutuas. De ahí que el que no haga constante memoria de la misericordia y fidelidad inscrita en la alianza matrimonial se plantee el hecho del repudio imprevisto por Dios en la creación de la pareja humana.