Jesús resucitado según los relatos pascuales. 

                                                                   Armando Noguez

La Resurrección de Jesús se distingue  de la vuelta a la vida de una persona fallecida, como el hijo de la viuda de Sarepta (cf 1Re 17,17-24); nos es irse a la gloria divina dejando la vida en la tierra, al estilo de Henoc o Elías (cf Gén 5,24; 2Re 2,11) o continuar en el más allá de la vida terrestre o siguiendo la antropología griega abandonar al cuerpo que se corrompa en la tierra y guiar el alma espiritual para adentrarse en la gloria divina (cf Sab 3,4), etc. Tampoco es la Resurrección la vuelta a la vida terrestre cuando Jesús devuelve la vida a Lázaro,  al hijo de la viuda de Naín o a la hija de Jairo (cf Jn 11,1-46; Lc 7,11-17; Mc 5,35-43). Lo que el NT entiende por la resurrección de Jesús es un hecho diferente al nacer o morir, es «un acontecimiento nuevo en su género. Es el paso a nueva forma de ser y de existir, a un nuevo estado y una nueva forma de vida que no se puede imaginar o representar adecuadamente con nada» (21), aunque, ciertamente es un hecho real, y tan real que afecta a la historia humana y al cosmos (cf Rom 8,17-19). La salvación y la nueva creación de Dios sobre su Hijo, como primicia de la resurrección de todos y de todo (1Cor 15,20) se formula en el NT por confesiones de fe, especie de pequeños credos que repetían una y otra vez las comunidades cristianas (1Tes 1,10; Gál 1,1; 1Cor 6,14; etc.). Más tarde, entre los años 70-100, los Evangelios relatan el acontecimiento de la resurrección para alimentar la fe en el Resucitado con el encuentro de la tumba vacía, las apariciones  y la ascensión de Jesús a la gloria divina. Y lo hacen en  las tradiciones que transmiten Mc 16,1-8; Mt 28; Lc 24; Jn 20-21.

Las obras literarias que son los relatos se centran más en los discípulos, huidos después de la muerte en cruz de Jesús, y abatidos por el trágico final de su Maestro. La tumba vacía, las apariciones y la ascensión de Jesús transforma por completo a sus discípulos; son  narraciones donde intervienen ángeles, mujeres, otros discípulos diferentes a los Once. El texto estudia la resurrección en los cuatro Evangelios de un modo muy detallado sin intentar armonizar los relatos y los mensajes entre sí. Se analiza con clarividencia los pasajes, exponiendo el tiempo narrativo, escenarios geográficos, el personaje Jesús, los adversarios, los discípulos —los de Emaús en Lucas; discípulo amado, Tomás, los siete que van a pescar  en Juan—, los mensajes, los recursos narrativos, la intratextualidad —intertextualidad entre Evangelio  y Hechos de Lucas—, temas transversales en Juan: el Espíritu, el Mesías, el templo, el amor y con Pedro en su triple negación y su triple confesión a Jesús contemplado como Buen Pastor; los relatos pascuales de Juan cohesionan todo el Evangelio y son el fundamento de sus temas centrales: el agua, el pan, la luz, la vida, etc.

A continuación se expone la ausencia de correspondencias bíblicas de los relatos, todo lo contrario de las exposiciones de la pasión donde se citan los salmos, los profetas, etc. : «Una posible explicación de la ausencia de referencias bíblicas en los relatos pascuales es que el judaísmo precristiano no hay indicios de que la muerte de un aspirante a Mesías fuera a precipitar la resurrección general» (96). Lo cierto es la transformación de los discípulos a partir de los encuentros que tienen con el resucitado; una experiencia real sobre el mundo nuevo que Dios revela en la resurrección de Jesús, que no se reduce a sentimientos o afectos o a unos principios racionales hasta ahora desconocidos: son acontecimientos y experiencias donde ven que Dios es un Dios vivos; que ha comenzado a rehacer la vida y la creación tal y como salió de sus manos y que, por fin, actúa en favor de los justos y se han mantenido fieles a su revelación amorosa.— Se observan dos tradiciones: la recogida por Mc, Mt y parte de Lc, y éste con Juan; dos ambientes: el de Galilea y de Jerusalén; tiene prioridad en el tiempo el relato de 1Cor 15,3ss que transmite la exaltación de Jesús y los relatos de las apariciones y tumba separados al principio y unidos posteriormente.— Lucas orienta sus relatos —la tumba vacía, el camino de Emaús, encuentro con los Once, el discurso  y misión desde Jerusalén y la ascensión— un interés eminentemente catequético. Juan se preocupa más de la dimensión cristológica y eclesiológica en sus relatos de la resurrección. La tumba vacía entre el deseo de María y el amor y la fe de Juan unidos a las pruebas que busca Pedro; el ver y creer en Tomás y el epílogo con la pesca de los siete discípulos, su misión universal, y el discipulado como seguimiento cierran este apartado del texto.— Por último se exponen en el mensaje evangelizador de los textos de la Resurrección el consenso comunitario del hecho trascendental de Dios sobre Jesús, cómo se rechace la comunidad con un sentido comunitario y ubicando el sentido de vida del cristianismo en el Imperio, siempre violento, excluyente, diabólico, corrupto y muribundo, pero que la fe en Cristo resucitado lo vencerá. Es un texto muy claro en la exposición con muchos recuadros donde se sintetiza y ordena el relato de los Evangelios y muy preciso en la doctrina.

Estella (Navarra) 2022, 206 pp., 16 x 24 cm.

 

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