MES DEL ROSARIO

El mes de mayo es el que mira más de cerca a la Virgen María, más que octubre. Es el tiempo en el que se celebran romerías marianas, se reza el rosario matutino, se hacen peregrinaciones a los santuarios marianos, se nota más el deseo de rezar a la Virgen. Esto es más urgente ahora, en tiempos difíciles y circunstancias adversas para la vida de cada día o para el bienestar de las personas, del trabajo, etc. Hace tres años lo subrayaba el Papa en la Carta enviada a todos los fieles el 25 de abril de 2020 ( = Carta del Santo Padre Francisco a todos los fieles para el mes de mayo de 2020): es importante invocar a la Virgen María en los momentos de dificultad. Una invitación afectuosa y cálida a descubrir la hermosa oración que es el Rosario, en casa o en grupo, o en las comunidades cristianas. Se puede rezar juntos o individualmente, sin perder de vista lo que es importante: la sencillez. Contemplar el rostro de Cristo con los ojos y el corazón de María, decía el Papa Francisco, “nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba” (la epidemia de coronavirus).
El Rey Sabio y el Rosario: La historia de esta oración nos lleva a la Edad media, a los maestros de la Escuela de Chartres en el año 1100 y también al siglo XIII,, el de Alfonso X el Sabio (1221-1284), rey de Castilla y León, que en las Cantigas de Santa María cantaba en loor a la Virgen invocándola en el lenguaje galáico portugués, que usaba para las trovas, como “ Rosa das rosas e Fror das frores, Dona das donas, Sennor das sennores -, flor de las flores, mujer entre las mujeres, Señora de los señores” (Cantiga n. 10). Se hace mención en ellas de la Virgen como “una intercesora ante Dios y como protectora de los necesitados, Madre de misericordia, Estrella de los mares, Trono de la sabiduría””, “luz de los santos y vía para el cielo”. En ese mismo siglo el místico dominico, Enrique Suso de Costanza (1295-1366) en su obra Libro de la sabiduría eterna rezaba así a la Virgen: “Bendita seas, tú, aurora naciente, más que todas las criaturas, y bendito sea el prado florido de rosas sojas del hermoso rostro adornado con la flor de color rubí de la Sabiduría eterna”. En esa época se organiza el Rosario como oración que se inspira en las flores, en el “jardín de rosas”, rosarium en latín, rosario. A la mujer amada se le ofrecían guirnaldas de flores, de rosas, a la Virgen María se le ofrece, con devoción y ternura, una guirnalda de Avemarías, un ramillete de flores orantes.
Aunque la consideración del mes de mayo como práctica devocional se afianza en el siglo XVI, desde la influencia de san Felipe Neri (1515-1595), que en Roma enseñaba a los jóvenes a poner flores rodeando a las imágenes de María, a cantar sus alabanzas y a ofrecerle pequeños sacrificios en su honor. En los años posteriores se formó una especie de asociación en el noviciado de los Dominicos del convento de Fiésole (cerca de Florencia, donde fue fraile el Beato Angélico, de nombre Giovanni da Fiesole, † 1455), dedicado a santo Domingo, cuya tradición al predicar los misterios de la vida de Cristo según el evangelio, recitaba el ave maría al final de cada uno; así se fue formando el rezar cinco o quince misterios cada uno de diez avemarías; después se añadió el rezo de las letanías, y en ese convento decidieron cantar la celebración de la Virgen María en el mes de mayo, desde el primer día del mes, se continuó con cada domingo y así se fijó después para todo los días, cantando las letanías y coronando de flores las imágenes de María. En 1571 el papa Pío V (1504-1572) atribuyó la victoria de Lepanto al rezo del Rosario, añadiendo a las letanías la invocación Auxilium christianorum. A partir del siglo XVII se multiplicaron las publicaciones que proponían junto a la naturaleza primaveral, reina pagana del ambiente, la devoción a la Reina del cielo e iba creciendo esta práctica piadosa.
“Oh María, que resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Nos encomendamos a ti, salud de los enfermos, que junto a la cruz has estado unida al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú eres la protectora del pueblo cristiano, sabes qué es lo que necesitamos y estamos seguros que intercederás para que, como en Caná de Galilea, pueda volver a nosotros la alegría y la fiesta después de estos momentos de prueba. Ayúdanos, Madre del amor hermoso, a aceptar la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dice Jesús, que tomó sobre sí nuestros sufrimientos y cargó con nuestras miserias y dolores para llevarnos, mediante la cruz, a la gloria de la resurrección. Amén”.
“Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios (theotókos). No desoigas la oración de tus hijos en la necesidad, y líbranos de todo peligro, oh Virgen, gloriosa y bendita”.
Otros datos curiosos. Una publicación sobre el mes de mayo como mes dedicado a María la hizo el jesuita Aníbal Dionisi (1679-1754) cuya vida fue ejemplo de paciencia, dulzura y pobreza. Publicó en Parma, el año 1725, con el pseudónimo de Mariano Partenio, El mes de María o sea el mes de mayo consagrado a María, con los ejercicios de varias flores ofrecidas a María, propuestos a los devotos sinceros de ella. Era una invitación a vivir y practicar la devoción mariana cada día, no sólo en la iglesia, sino en los lugares habituales y a comportarse como si estuviéramos bajo la mirada de los ojos purísimos de la Virgen santísima. La oración indicada era el Rosario ante una imagen de la Virgen, meditando los misterios de la fe y ofreciendo una “flor”, jaculatoria o propósito. Por esos años otro jesuita, Alfonso Muzzarelli (1749-1813), publica la obra El mes de María o de Mayo, en Ferrara 1785; fue traducida al español y a otros idiomas. El sacerdote Giuseppe Peligni le dedicó en 1814 el mes de mayo a María en la localidad e Sant’Oreste (norte de Roma región del Lazio) para agradecerle la liberación y la vida cuando había sido arrestado por las tropas de Napoleón por no aceptar rendir homenaje al emperador, y terminando el mes con la fiesta de la Virgen de las gracias.
San Luis Grignion de Montfort promovió la verdadera devoción a María, el Rosario, antes de llegar a la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción en 1854; antes de esa fecha se propaga el amor a la Virgen por santos como san Juan Bosco, se acrecienta el magisterio de los papas, posteriormente llegamos a la encíclica del Papa san Pablo VI, Mense maio del 29 de abril de 1965 en la que el mes de mayo es el tiempo de la oración y veneración a la Virgen María, en tiempo en el que los dones de la misericordia divina se nos regalan, pues “María es siempre el camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con ella no puede sino llevarnos al encuentro con Cristo”, escribe el Papa. Los santos destacan esta presencia de la Virgen como guía, sin disminuir el amor a la Madre, su veneración. San Luís Grignion de Montfort, escribe en el Tratado de la verdadera devoción a María: “Dios Padre reunió y concentró todas las aguas y las llamó mares (latín, maria, océanos); reunió todas las gracias y las llamó María”.
Bajo tu amparo, nos acogemos, Santa Madre de Dios. En la presente situación dramática, llena de sufrimientos y de tensiones angustiosas, de guerras, que sacuden al mundo entero, recurrimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y nos acogemos a tu protección. Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en estas dificultades y desequilibrios climáticos, conforta a cuantos se encuentran desorientados y perdidos, llorando a sus difuntos queridos, en la epidemia sepultados sin la debida atención. Ayuda a los que están agobiados por las personas enfermas, a las que no pueden acompañar cuando hay contagios, e infunde confianza plena en los que ven el futuro incierto, en los jóvenes que no encuentran trabajo digno, en los que son víctimas de una economía sin alma. Madre de Dios y Madre nuestra, intercede por nosotros ante Dios, Padre de misericordia, para que acabe esta difícil prueba y vuelva a nosotros el horizonte de esperanza y paz en nuestros días. Intercede ante tu Hijo divino, como en Caná, pidiéndole que sostenga a las familias de los enfermos y de las víctimas, que su corazón se alegre con la esperanza de mejorar su salud. Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los maestros y educadores, a los miembros de las fuerzas de seguridad, que en estos tiempos están en primera línea y con el riesgo de la propia vida para salvar la vida de los demás. Que vean tu presencia materna junto a ellos, en su fatiga y cansancio, fortalécelos en su bondad y dales buena salud. Que sepan que estás junto a los que asisten a los enfermos, junto a los sacerdotes y religiosos que con solicitud pastoral y dedicación evangélica se dedican a ayudar a todos. Virgen Santa ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia para que encuentren respuestas adecuadas y curas que mejoren la salud y nos hagan superar las epidemias. Asiste a los responsables de las naciones, para que actúen con sensatez, generosidad y solicitud, socorran y mejoren la vida de quienes están faltos de lo necesario para vivir, organizando políticas sociales y económicas con amplitud de miras y espíritu de solidaridad.
María santísima, toca la mente y la conciencia de quienes emplean cantidades crecientes para fabricar y perfeccionar las armas, que sean utilizadas a promover los medios necesarios y las respuestas que prevengan catástrofes futuras. Madre amadísima, haz que crezca y se extienda el sentido de pertenencia a una única y grande familia humana, conscientes del vínculo que nos une a todos, para que con espíritu fraterno y solidario sepamos ayudar a cuantos son víctimas de miserias y pobrezas dolorosas. Haznos fuertes en la fe, perseverantes en el servicio, constantes y sencillos en la oración. Oh María, consuelo de los afligidos, acoge en tus brazos a tus hijos atribulados e intercede para que Dios intervenga con mano omnipotente para librarnos de estos males y podamos retomar la vida con serenidad. Nos encomendamos a ti, que eres la estrella de nuestro caminar, como signo de salvación y de esperanza, oh clemente, oh piadosa, oh siempre dulce Virgen María. Amen.
San Juan Pablo II y María. María ha estado muy presente en el magisterio de los papas del siglo pasado y del presente. San Juan Pablo II escogió el lema “Totus tuus”, y reclamaba expresamente la vinculación con la Virgen María. Fue beatificado el 1 de mayo de 2011, por el papa Benedicto XVI y canonizado el 27 de abril de 2014 por el papa Francisco. En la beatificación, el papa Benedicto dijo: Estamos todos alegres porque la beatificación de Juan Pablo II se celebra el día 1 de mayo, mes mariano, bajo la mirada materna de Quien, con su fe, sostuvo la fe de los apóstoles, y sostiene sin cesar la fe de sus sucesores, especialmente de los que son llamados a ocupar la cátedra de Pedro. María no es mencionada en las escenas de la resurrección de Cristo, pero su presencia discreta y escondida aparece siempre; ella es la Madre a la que Jesús ha confiado cada uno de sus discípulos y la comunidad entera. En especial, notamos que la presencia eficaz y materna de María es registrada por san Juan y san Lucas en los momentos que preceden al evangelio que narra la muerte de Jesús, cuando aparece a los pies de la cruz (Jn 19,25) y en el comienzo de los Hechos de los apóstoles, presente en medio de los discípulos reunidos en oración en el cenáculo (Hch 1,14)
Ricardo Maccioni, Avvenire 30 de abril de 2023. [https://www.avvenire.it/chiesa/pagine/ecco-perche-maggio-e-il-mese-di-maria]