Cuarto Dolor y quinto dolor

La nueva familia de Jesús
Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. […] Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mc 3,21.32-35).
Jesús muere en la Cruz
«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio» (Jn 19,25-27)
Juan coloca a las cuatro mujeres «junto a la cruz». La noticia de Marcos (15,40par) de que ellas presencian «de lejos» todo el espectáculo de la crucifixión, seguramente quiere decir desde la muralla de la ciudad. Aquí es Jesús quien mira. Esta cercanía física funda otra con fuerte carga simbólica a tenor de la teología de Juan(139), ya que los dos personajes pertenecen a la órbita personal de Jesús: su madre y el discípulo amado. De los presentes, pues, Jesús se dirige a su madre y al discípulo amado para dar su última disposición, un testamento que es importante (Jn 19,27). Antes María ha sido citada por el Evangelista en las bodas de Caná sin nombrarla, como aquí (Jn 2,1-5), y Juan en la última Cena también sin nombrarlo (13,23-25). En Caná se presenta Jesús como aquél que dispensa al pueblo la riqueza de la salvación y hace presente la abundancia de bienes prometidos a Israel en los tiempos finales de la historia. María es el vehículo de esta acción de Jesús. El discípulo amado es con quien comparte Jesús las angustias de su pasión inminente, es la imagen del creyente y el que reconoce a Jesús resucitado (Jn 13,23-16; 20,8; 21,7). La última decisión de Jesús en la escena de la cruz es que el discípulo amado ocupe su lugar; se convierta en el hijo de María, por consiguiente, en su hermano y, a la vez, sea garante de la seguridad de su madre; y María debe asumir al discípulo como un hijo, y como ha sucedido en la historia con Jesús, actuar con dicho discípulo como una madre, en contraposición a la familia natural de Jesús que permanece en la increencia(140).