FIGURAS FRANCISCANAS

Bernabé de  PALMA (1469-1532)

. Hermano profeso franciscano, místico y escritor. En Palma del Río (Córdoba), año 1469, nació Bernabé, de origen siciliano y hortelano de oficio. Falta una vida crítica. Según los datos del cronista Andrés de Guadalupe, a los 22 años recibió el hábito como religioso lego franciscano en la provincia de los Ángeles. Había vivido como ermitaño en Sierra Morena algunos años gozando de fama popular por su profunda vida interior tachonada de milagros, éxtasis, raptos. Ya fraile, en Belalcázar hubieron de amonestarle los superiores para que evitase aquellos fenómenos durante la elevación en la misa. El mismo cronista refiere que siendo portero en el convento de Belén (Palma del Río) se multiplicaban milagrosamente las limosnas que pasaban por su mano. Murió en su pueblo natal el 14 de octubre de 1532, con fama de santidad. Es un místico experimental, que habla de sus propias vivencias. Se le atribuyen varios escritos, pero, en cualquier caso, el que le dio fama en la literatura mística fue Via spiritus o de la perfección espiritual del alma, obra póstuma, que siendo de persona iletrada fue bien acogida por el público, alcanzando siete ediciones en veinte años, hasta que, en 1559, fue puesto en el Indice de libros prohibidos.

Fray Bernabé de Palma es, al parecer, el escritor que más de antiguo vivió la vía mística del recogimiento. Su influencia fue grande en Sevilla, en el centro de España, en Valencia (en el «cenáculo recoleto de Gandía», de los jesuitas) y Barcelona. Via spiritus se divide en cinco partes. Dedica la primera a los ejercicios preparatorios de la mortificación, especialmente a la oración mental y a la diferencia entre la vida activa y la contemplativa. En la segunda trata de lo puro corpóreo. En la tercera, de lo corpóreo y espiritual, sobre todo de la aniquilación o conocimiento de nuestra propia nada. La cuarta versa sobre lo puro espiritual o facultades del alma, en la cual describe el ejercicio de la aniquilación, que ha de ser siempre el primero. Consagra la quinta parte a lo sobrenatural, en lo cual «ninguna cosa obra el alma, mas de recibir lo que le es dado». El alma en este estado debe saber no obrar, «quedarse quieta y sosegada, a manera de uno que oye y escucha, pero no pregunta nada, ni hace demostración alguna de que entiende lo que se dice». «Eugenio Asensio recarga el aspecto iluminista de Palma. Por mi parte -dice Melquíades Andrés-, yo lo llamaría «espiritual» entusiasta, proselitista, exagerado, de estilo literariamente duro y difícil de entender a los no iniciados en la vía del recogimiento. Es uno de nuestros grandes pioneros místicos». Para Teodoro H. Martín: «Bernabé de Palma, Bernardino de Laredo y Francisco de Osuna, los tres, franciscanos y andaluces, con Enrique Herp, franciscano de Flandes, forman el pórtico de la teología y literatura mística española». Santa Teresa y otros grandes místicos se sirvieron del Via Spiritus.

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