TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

P. Ruiz Verdú OFM
Oración colecta
Oh Dios, que contemplas cómo tu pueblo espera con fidelidad la fiesta del nacimiento del Señor, concédenos llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación y celebrarlo siempre con solemnidad y júbilo desbordante. Por Jesucristo nuestro Señor.
Como es habitual en las oraciones litúrgicas, también esta oración colecta nos coloca ante Dios Padre. Es un diálogo filial y confiado que, nosotros, sus hijos, entablamos con nuestro Padre y le decimos que queremos celebrar la Navidad con alegría desbordante. ¿En quién nos apoyamos para atrevernos a dialogar con tanta confianza con Dios? En su querido Hijo Jesús. Así solemos terminar las oraciones: por Jesucristo. Para que nuestro Padre celestial nos conceda lo que le pedimos debemos avivar la fe, pues no nos está permitido dialogar con Dios sin fe, sólo por rutina, como no deseando recibir lo que le pedimos. Le recordemos a Dios que somos su pueblo; y que queremos celebrar la Navidad con gozo, sin sobresaltos, en paz. Sin duda, muchos recuerdos no agradables vendrán a nuestra mente, pero la salvación que nos trae la Navidad debe cubrir de esperanza la fe, luz que viene del nacimiento de Jesús en Belén. Vivir la Navidad al modo de san Francisco de Asís, que era tanta su alegría que no deseaba otra cosa que compartir el gozo del que estaba inundado con todas las criaturas: hombres y mujeres, niños y niñas, animales y naturaleza. Todos debemos cantar, como los ángeles, el gozo del nacimiento del Hijo de Dios.
Estad siempre alegres en el Señor
¡El Señor está cerca!
Oración sobre las ofrendas
Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos el sacramento que tú nos diste y se lleve a cabo en nosotros la obra de tu salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.
Cristo Jesús se entrega por nosotros en el sacramento de la Eucaristía; ante esta verdad, también nosotros debemos ser sacramento de amor, unidos al sacrificio de Cristo. Así, nuestro sacrificio, unido al de Cristo, será expresión de nuestra propia entrega y agradable siempre a Dios Padre. No deberíamos acudir a la celebración de la Santa Misa sin el deseo de que el fruto eficaz de la salvación alcance a todos. Accede, Señor, a nuestra petición.
“Os aconsejo firmemente que recibáis benignamente
en santa conmemoración suya,
el santísimo cuerpo y la santísima sangre de nuestro Señor Jesucristo” (San Francisco de Asís)
Oración después de la comunión
Imploramos tu misericordia, Señor, para que este divino alimento que hemos recibido nos purifique del pecado y nos prepare para las fiestas que de acercan. Por Jesucristo nuestro Señor.
Después de comulgar, dos cosas le pedimos al Señor en intimidad con Él: que nos purifique del pecado, el cual es el mayor obstáculo para celebrar dignamente las fiestas de la Navidad, y, además, que Él nos prepare. Como anota santa Teresa de Jesús, con Cristo Jesús en nosotros es el mejor momento para negociar con Él. Si ha venido a nosotros sus razones tiene: limpiarnos del pecado, el principal obstáculo para celebrar la Navidad e iluminarnos con su verdad para no errar, confundiendo la alegría que viene de Dios con la falsa alegría del mundo. Conscientes de que esto nos puede suceder, acudimos al Señor de la misericordia, que sabe que somos barro y fácilmente el vaso se rompe. El Señor Dios en medio de ti, te ama y se alegra con júbilo.