Epifanía del Señor. Oraciones de la Eucaristía

P. Ruiz Verdú OFM
Oración colecta
Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo Unigénito por medio de una estrella a los pueblos gentiles; concede a los que ya te conocemos por la fe poder gozar un día, cara a cara, de la felicidad infinita de tu gloria. Amén.
Dios no se da a conocer a todos del mismo modo. El nacimiento de Jesús fue anunciado por los pastores por medio de los ángeles. Los pastores eran judíos y por las Sagradas Escrituras habían oído hablar de la existencia de ellos. Los que de lejos venían a adorar a un recién nacido rey, eran gentiles y les fue revelada la misma verdad que a los pastores por medio de una estrella, acostumbrados como estaban a contemplar y estudiar los signos de las estrellas. La primera parte de la oración es como una acción de gracias que nosotros, gentiles por nacimiento, dirigimos a Dios Padre por habernos revelado a su Hijo Unigénito Jesucristo sirviéndose de los medios a nuestro alcance. En la segunda parte, poseedores de la fe por gracia, por la cual ya conocemos a Dios, le pedimos que lleguemos a gozar un día, cara a cara en diálogo con Él, de la felicidad infinita, sin término, de su gloria, para la cual hemos sido creados. Por Jesús nuestro Salvador.
Oración sobre las ofrendas
Señor, mira con bondad las ofrendas de tu Iglesia que ya no son oro, incienso y mirra, sino Jesucristo mismo, que en estos dones se manifiesta, se inmola y se nos da como alimento. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!
Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!
Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.
(Rubén Darío)
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Oración después de la comunión
Que la luz celestial, Señor, nos guíe siempre y en todo lugar, para que contemplemos con fe pura y vivamos con amor sincero el misterio del que has querido hacernos participar. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Que tu luz, la que condujo a los magos hasta tu Hijo, la luz de la fe, nos guíe siempre hasta ti, sin interrupción y en todo lugar. La fe es la estrella que Dios Padre, por Jesús, nos ha dejado para nuestro camino. Esta luz limpia de las escorias del pecado nuestro espíritu para que no sólo afirmemos con la voz las verdades de nuestro credo, sino que las contemplemos con mirada purificada, que hace que vivamos siempre guiados por esta luz.
¡Día de los Magos! ¡Día en que hemos sido llamados por Dios a ser de los de Jesús! Hemos recibido el misterio de Jesús: la Eucaristía. El Amor ha venido a nuestro amor, pobre, pero sincero. Y esto se lo pedimos a Jesús ahora que está de un modo especial en nosotros.
Hemos visto la gloria del Señor
y venimos con nuestros regalos a adorarlo.
¿Qué regalo le vas a dar al Señor?