II DOMINGO DE CUARESMA

 

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
Señor, Padre Santo, tú que nos han mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu palabra; así, con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro. Por Jesucristo nuestro Señor.

La oración colecta de hoy está en relación con el evangelio del día, que nos relata cuando Jesús se transfiguró en el monte Tabor en presencia de Pedro, Santiago y Juan. Como todas las oraciones, salvo raras excepciones, está dirigida a Dios Padre, de quien hemos recibido el mandato de escuchar a su Hijo Jesucristo. Jesús es la Palabra del Padre. Pedirle a Dios Padre que nos alimente con su palabra, es pedirle que sepamos escuchar a su Hijo, ya que él es su Palabra. La escucha atenta y puesta en práctica, hará de nosotros personas de “mirada limpia”. Esta mirada es fruto de la fe que escucha con atención el Evangelio y lo hace vida con sus buenas obras. La consecuencia es la contemplación gozosa de Dios, no sólo en el cielo, cuando seamos plenamente transfigurados al modo de Cristo, sino ya aquí en la tierra, con esa contemplación propia de los que se afanan por descubrir las huellas de Dios en la creación y en las criaturas con la “mirada limpia” que nuestro Padre nos regala por haber escuchado a su Hijo.

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que esta oblación borre nuestros pecados y santifique los cuerpos y las almas de tus fieles, para que celebren dignamente las fiestas pascuales. Por Jesucristo nuestro Señor.

Teniendo presente que el pan y el vino que hemos puesto sobre el altar serán, en un futuro inmediato, el Cuerpo y la Sangre de Cristo Jesús, la oración sobre las ofrendas anticipa ya el fruto que se desea recibir del don de la Eucaristía: la santificación de nuestro cuerpo y nuestra alma para que, según la doctrina de san Pablo, sea de verdad templo del Espíritu Santo. Porque uno de los frutos de la participación en la Eucaristía es santificarnos más y más. Y Dios, presente en nosotros, fortalece nuestro cuerpo para que esté más dispuesto y preparado para obrar el bien y vencer el mal. Y siempre con vistas a celebrar dignamente la gran fiesta de la Pascua.
No olvidemos que la Cuaresma es “salir” de uno mismo y unirse a Jesús que camina hacia Jerusalén con sus discípulos y gente que se le une en el camino, algunos de ellos sin saber para qué: tal vez en espera de verle hacer algún milagro. Pero a Jesús se le sigue por el camino de la fe, no por el entusiasmo del milagro.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.

Oración después de la comunión
Te damos gracias, Señor, porque, al participar en estos gloriosos misterios del cuerpo glorioso de tu Hijo, nos haces recibir, ya en este mundo, los bienes eternos del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Después de recibir un regalo, un obsequio, se nos invita a dar gracias: ¡es de bien nacidos ser agradecidos! Y a quien hoy hemos recibido es don de Dios Padre por excelencia, a Cristo Jesús. Es un anticipo de lo que se nos dará en el reino del cielo. Nuestra imaginación, que se esfuerza por comprender, es superada por el don de Dios, pues mediante la fe podemos afirmar y aceptar lo que se nos ha prometido. Pero ciertamente ya gozamos en este mundo de sus bienes en la medida que ponemos en práctica lo que Dios Padre nos ha dicho en la montaña acerca de Jesús: “Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle”.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor (salmo 26)

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