Domingo X T.O. Oraciones de la Eucaristía

P. Ruiz Verdú OFM

Oración colecta
DIOS Y SEÑOR, DE QUIEN PROCEDEN TODOS LOS BIENES, ESCUCHA NUESTRAS SÚPLICAS; CONCÉDENOS QUE, INSPIRADOS POR TI, PENSEMOS LO QUE ES RECTO, Y, GUIADOS POR TI, LO LLEVEMOS A LA PRÁCTICA.

Oraba así San Francisco, dirigiéndose a Dios en total confianza y cercanía: «Tú eres el bien, el todo bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (AlD 3) ¿Estamos plenamente convencidos de esta verdad? Si es así, podemos invocar a Dios con atrevimiento y decirle que nos escuche.
Lo invocamos presentándole nuestro deseo de conocer con claridad lo que es justo, agradable a Él, lo verdadero, y se lo pedimos por Jesucristo., porque solo con Cristo Jesús lo podemos poner en práctica del modo y la manera como Dios quiere.

Sé camino para los demás,
pero aprende antes a vivir el camino de Jesús

Oración sobre las ofrendas
MIRA, SEÑOR, CON BONDAD NUESTRO SERVICIO LITÚRGICO PARA QUE NUESTRA OFRENDA TE SEA AGRADABLE Y NOS HAGA CRECER EN LA CARIDAD.

Al presentar nuestras ofrendas: pan y vino, juntamente con los deseos de nuestro corazón, debemos reconocer quiénes somos, de quién hemos recibido los dones que presentamos y quién nos ha inspirado nuestros buenos deseos. Y humildemente pedirle a Dios que los “mire”, que los acepte: “mira complacido”. La alegría de Dios viendo cómo sus hijos presentan en el altar unas ofrendas que le agradan y con ellas sólo pretendemos “crecer en el amor”. Una actitud fundamental: acercarse a Dios con humildad, con verdad; una petición esencial: crecimiento en los dos amores, a Dios y al prójimo.

Esforcémonos por conocer al Señor que es amor,
y si permanecemos en el amor,
permanecemos en Dios y Dios en nosotros.
(Cf 1Jn 4,16-17)

Oración después de la comunión
TE PEDIMOS, PADRE, QUE LA ACCIÓN MEDICINAL DE ESTE SACRAMENTO NOS LIBRE DE NUESTRASMALDADES Y NOS GUÍE POR EL CAMINO RECTO.

Confiados en la bondad y misericordia de Dios nos hemos acercado a comulgar. Hoy le pedimos que la Eucaristía actúe en nosotros como medicina, no solamente como medicina corporal, que todos deseamos y buscamos, sino, sobre todo, como medicina espiritual, que es la que de un modo especial debemos buscar y desear. Porque, como pecadores que somos e inclinados al mal, necesitamos que su misericordia nos libere de nuestra maldad, que nos fortalezca para no dejarnos llevar por todo lo torcido que sale de nuestro interior y nos impide caminar por el camino justo: el de Dios.

En la celebración de la Eucaristía
anunciamos el misterio pascual de Jesús
“hasta que vuelva”
(1Cor 11,26)

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