CUARESMA, AYUNO Y ORACIÓN

Rafael Sanz Valdivieso OFM
La Cuaresma es un itinerario o peregrinación que dura cuarenta días, recordando los cuarenta an los profetas, ie salve por medio de a de Dios que manifiesta el primado de su amor en el Hijo, enviado al mundo «ños que Israel peregrinó por el desierto, madurando su experiencia de fidelidad al Señor de la Alianza, y los días de ayuno de Jesús en desierto, como recuerdan los Evangelios sinópticos. Es pues un periodo de lucha y combate contra el mal, contra el pecado, y un camino terapéutico para recobrar la plenitud de la vida divina, de la que somos partícipes; los medios para ello son la escucha atenta de la Palabra de Dios, el ayuno, las obras de caridad y la oración. En las obras de caridad incluimos la atención delicada y la cortesía respetuosa con todos nuestros prójimos.
Las lecturas de la Palabra de Dios cada domingo nos harán recorrer la etapas fundamentales de la Historia de la salvación que han preparado la Pascua de Cristo: desde la llamada a la conversión y la fe en el Evangelio, que Jesús hace después de su lucha contra Satanás que lo tienta, y la vocación de Abrahán, el valor de la Ley y los mandamientos como respuesta de amor a Dios, que ahora en su Hijo, el “Predilecto” llama a una vivencia profunda de la religiosidad, acentuando la autenticidad de la fe, que se encuentran con la misericordia de Dios que manifiesta el primado de su amor en el Hijo, enviado al mundo “no para condenarlo”, sino para que se salve por medio de Él.
Esta disposición la reclaman también los profetas, porque en la alianza nueva no se resalta el pecado, sino la gracia que entra en el corazón – “conoced al Señor” (Jer 31,31-34) – que es lo que recibimos por medio de Jesucristo, el grano de trigo caído entierra que produce mucho fruto. Es el cumplimiento de la promesa, un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Estas lecturas, sobre todo las de los evangelios de este ciclo litúrgico B, nos invitan por boca del mismo Jesús, si queremos seguirlo, a dar a la propia vida un sentido diferente al de la rutina diaria. El misterio de la cruz confirma un dato esencial: el poder del mal, del diablo, ha sido vencido y derrotado por el Hijo “elevado en la cruz”. La historia, y todos sus horrores, la violencia doméstica, las diversas formas de acoso (infantil, juvenil, violencia familiar, la trata de las personas), las varias formas de esclavitud presentes en nuestro mundo, no está cerrada en sí misma. El que sigue a Jesús, y quiere ser su discípulo, partiendo de esa certeza, debe comprender que el único modo para no perder la propia vida es el entregarla y gastarla como lo ha hecho Jesús, siguiendo el dinamismo del don generoso y perseverante (es lo que representa la cruz).
En el seguimiento del Hijo amado y predilecto podremos acercarnos al agua viva de la revelación de Dios y del Espíritu que nos lleva a adorar a Dios “de verdad”, con la luz de la fe que guía nuestros pasos y abre el horizonte de la resurrección. Es la pascua – el paso – de la muerte a la resurrección.
El mejor ayuno para toda clase de personas y para todas las edades es: Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas. Ayuna de descontentos y llénate de gratitud. Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y de paciencia. Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo. Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios. Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida. Ayuna de presiones y llénate de oración. Ayuna de tristezas y amargura y llénate de alegría el corazón. Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás. Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación. Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a los otros. Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se llenará la vida de paz y de bien.
El Papa Francisco propone 15 sencillos actos de caridad que él ha mencionado como manifestaciones concretas del amor de Dios para este período de Cuaresma: «1. Saludar (siempre y en todo lugar). 2. Dar las gracias (aunque no «debas» hacerlo). 3. Recordarle a los demás cuanto los amas. 4. Saludar con alegría a esas personas que ves a diario. 5. Escuchar la historia del otro, sin prejuicios, con amor. 6. Detenerte para ayudar. Estar atento a quien te necesita. 7. Levantarle los ánimos a alguien. 8. Celebrar las cualidades o éxitos de otro. 9. Seleccionar lo que no usas y regalarlo a quien lo necesita. 0. Ayudar cuando se necesite para que otro descanse. 11. Corregir con amor, no callar por miedo. 12. Tener buenos detalles con los que están cerca de ti. 13. Limpiar lo que uso en casa. 14. Ayudar a los demás a superar obstáculos. 15. Llamar por teléfono a tus padres, si tienes la fortuna de tenerlos.