JUEVES SANTO

Reflexionando y orando

Oración colecta

Oh Dios, al celebrar la Cena santísima en la que tu Unigénito, cuando iba a entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno y el banquete de su amor, te pedimos alcanzar, de tan gran misterio, la plenitud de caridad  y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

Dios mismo nos ha convocado y nos ha reunido para la celebración de esta tarde. Es la llamada del Padre que quiere reunir en torno a su mesa a todos sus hijos. Es un gran día, agridulce,  pues celebramos cuando Jesús, en aquella Cena memorable, se queda con nosotros como vecino de nuestro pueblo y animador de nuestro caminar por esta vida hasta alcanzar la eterna, pero envuelto en la tristeza de su próxima muerte, tan necesaria para nosotros,

Este amor tan entrañable, tan fuera de serie, tan sin igual, lo manifiesta Jesús antes de entregarse por nosotros a la muerte. Es el banquete de su amor, confiado a la Iglesia para gloria de Dios y beneficio nuestro. Regalo más grande no nos podía dar. Por eso, sería una injuria al amor de Jesús hacia nosotros, desear alguna cosa mejor. Es como despreciarle a Él.

Este banquete, que no es como los que celebramos en esta tierra, es el memorial, es decir, hacemos presente lo que hace tiempo, históricamente, Cristo realizó: los misterios de su vida. Sólo la fe capta este misterio; sólo la fe descubre el amor encerrado en los sencillos gestos realizados en la celebración de la Eucaristía sobre el altar. Es el sacrificio de la eterna alianza: Dios se ha comprometido definitivamente en favor nuestro. No es posible que en el futuro haya otra alianza que perfeccione la realizada en Cristo Jesús en la cruz. Es la definitiva. Dios no tiene nada mejor que darnos ni que decirnos.

La Eucaristía es el sacramento del amor; es donde Jesús manifiesta de manera especial su eterno y misericordioso amor por nosotros. Por eso pedimos que la celebración de estos misterios nos lleve a alcanzar la  plenitud de la caridad y de la vida. Porque el amor exige amor y con amor se paga. Y el amor conduce a la vida. He aquí el secreto del verdadero amor: siempre es vida, y vida verdadera y gozosa, como la de Dios. Que así sea para nosotros.

 

VIERNES SANTO

Reflexionando y orando

 

Oración inicial segunda

Oh Dios, tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza. Concédenos hacernos semejantes a él. De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana, la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia, la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Iniciamos la celebración del Viernes Santo dialogando con Dios Padre. Y lo hacemos recordándole la pasión de su Hijo, Jesucristo. El beneficio de los sufrimientos de Cristo ha destruir la muerte injertada en nosotros como consecuencia del antiguo pecado, aquel que se cometió en el paraíso y desorganizó el plan de Dios.

Y le pedimos que el fruto de la muerte de su Hijo sea hacernos semejantes a él. Semejanza, no sólo  participando después de la muerte, de su gloria; sino, antes, en esta vida, llevando nuestra cruz con los ojos mirando hacia la cuz de Jesús.

Con su muerte, Jesús no graba encima de nuestra imagen de Adán, la nueva imagen suya, sino que destruye y borra la de Adán, y en su lugar graba la imagen de la gracia que él ha realizado con su muerte; imagen que es perdón, obediencia y amor. Esta es la imagen que llevamos impresa y cuyo cometido es dar fruto abundante. El Espíritu Santo, enviado a nuestros corazones por el Padre, es quien nos capacita para ello. Así sea.

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Reflexionando y orando

 

Oración colecta

Señor Dios, que en este día, vencida la muerte, nos has abierto las puertas de la eternidad por medio de tu Unigénito, concede a quienes celebramos la solemnidad de la resurrección del Señor, que, renovados por tu Espíritu, resucitemos a la luz de la vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén, Dios cerró la puerta de entrada. No se les permitía participar de la vida de Dios hasta que no llegase aquel a quien se le dieran las llaves de la historia humana. Hoy, por medio de su Hijo, vencedor de la muerte, el Señor Dios ha abierto las puertas de la vida. Es el día en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino (cf. Pregón Pascual).

El día de la resurrección del Señor  es la fiesta eminentemente de Cristo, principio y fundamento  de toda nuestra vida cristiana. Es la fiesta de las fiestas, siendo los domingos prolongación de ella. Por este don de Dios, dado gratuitamente a la humanidad, pedimos ser renovados por su Espíritu. El Espíritu que se nos dio el día de nuestra resurrección, el día de nuestro bautismo. Porque por el bautismo hemos resucitado con Cristo y hemos sido renovados por el Espíritu. Y todo esto con una finalidad concreta: resucitar nosotros también en el reino de la luz y de la vida.

En el paraíso todo era luz, resplandor divino, vida divina en abundancia, vida de felicidad que no se acababa, por lo que Jesús nos dijo: Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia. El pecado introdujo la oscuridad en el corazón de la criatura, creada por Dios a su imagen y semejanza. Perdió la luz, siendo a su vez herida de muerte.

Hoy, día de la Resurrección de Jesús, vuelve la luz y la vida. Se te han dado gratuitamente, no las pierdas. Guárdalas bien en tu corazón para que no camines en tinieblas y llegues a perder la vida verdadera. ¡SI HAS RESUCITADO CON CRISTO, VIVE COMO CRISTO! Así lo sea para ti.

 

 

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