X DOMINGO (A)

Del Evangelio de Mateo 9,9-13
En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió. Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: « ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
1.- Mateo significa «don de Dios»; desempeña el oficio de inspector de aduanas —publicano—. Publicanos son los que recaudan los impuestos a los contribuyentes, bien sobre los peajes en los caminos, bien sobre determinadas actividades comerciales. Ellos cobran los tributos sobre las viviendas, el consumo, etc. Este ejercicio se lo arrienda el Estado, al cual le deben dar una determinada suma de dinero previamente convenida. De ahí, su necesidad de robar. Jesús no solo le manda seguirlo como un discípulo más, junto a las dos parejas de hermanos sacados del mar —los pescadores Simón, Andrés, Santiago y Juan—, sino que come con él. El escándalo es el mismo que cuando se hospedó en casa con Zaqueo. Pero la comida, la relación con Jesús los cambia. Mateo, ahora, hace real su nombre; Zaqueo devuelve más de lo robado. Y esto no lo entienden los justos de entonces, los de ahora. Por eso: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis»»(Mt 21,31-32)
2.- El pecador recae en una persona individual o en un oficio que, por sí mismo, es pecado ejercerlo. Como dice Jesús, se aplica a las prostitutas, pastores, recaudadores de impuestos, etc. Es gente, pues, que viven como extraños, o como alejados del pueblo y, por ende, de la salvación. Recordemos la hemorroísa (cf Mc 5,21-43). En tiempos de Jesús, del pecado se puede salir por medio de ciertos ritos de purificación o buenas obras, si bien hay que tener en cuenta los diferentes aspectos de las consecuencias del pecado, como son las enfermedades, el infortunio y la muerte. A este mundo extraño y alejado sale Jesús para decirle que Dios viene a su encuentro (Lc 15,4-7). Y a este mundo Jesús le ofrece siempre el perdón. Nadie en esta vida puede pensar o sentir que Dios no sale a su encuentro, porque está pendiente en cada instante de que le digamos sí para acogernos.
3.- Jesús convivía con toda clase de gente. Según los criterios religiosos de la sociedad de entonces pasan ante él justos, pecadores, buenos, malos, gente que ejerce toda clase de oficios. A todos reconcilia con Dios y con los demás; a todos valora; a todos escucha; a todos transmite la paz y la alegría de la cercanía de Dios; y avisa de los peligros de no participar del aire renovador divino que relativiza todo lo que somos capaces de hacer los humanos para justificar nuestro interés. Él ve el mundo desde la atalaya de la bondad de Dios.