XXXI DOMINGO T.O.

P. Ruiz Verdú OFM
Oración colecta
Dios omnipotente y lleno de misericordia, que concedes a tus fieles celebrar dignamente esta liturgia de alabanza; te pedimos que nos ayudes a caminar sin tropiezos hacia los bienes prometidos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Dirigirnos a Dios con frecuencia, apoyados en su “poder y misericordia”, hace crecer en nuestro corazón la confianza filial: somos hijos de un Padre con infinito “poder”, que actúa siempre “con misericordia”. Él hace que podamos servirle dignamente, con respeto, sin miedo y con confianza. Él hace también que nuestras pobres obras realizadas en su honor produzcan frutos de vida eterna y obtengan ante Él los premios prometidos. Este es el objeto de nuestra esperanza. No obstante, conscientes de nuestra debilidad y de las dificultades que vamos a encontrar en nuestra vida hasta alcanzar esos bienes prometidos por Dios, le pedimos que allane nuestro camino para ir así avanzando hacia ellos sin tropiezos y llegar a poseer “los bienes que nos prometes”.
Tú, Señor, me enseñarás el sendero de la vida
Uno solo es nuestro Padre, el del cielo
Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que este sacrificiosea para ti una ofrenda pura,y para nosotros, fuente generosa de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Podemos decir que la celebración de la Eucaristía contiene siempre este doble aspecto: el vertical hacia Dios y el horizontal para nosotros. Deseamos que todo lo que presentamos en el altar junto con el pan y el vino: nuestros trabajos y sufrimientos de la semana, nuestras alegrías y tristezas, nuestros aciertos y equivocaciones, todo aquello que va configurando nuestro yo, sean ofrenda pura para Él por su unión con el sacrificio de Cristo. “Y para nosotros, una efusión santa de tu misericordia”. Y porque lo nuestro, que presentamos, no está totalmente limpio, le pedimos que su misericordia descienda sobre lo nuestro y lo haga agradable en su presencia.
Enséñame, Señor, el camino para llegar a ti:
porque Tú eres mi fortaleza, mi libertad y mi alabanza.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que crezca en nosotros la acción de tu poder, para que, restaurados con estos sacramentos celestiales, tu gracia nos prepare a recibir lo que ellos nos prometen. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Afirmamos que todos somos alimentados con el mismo pan del cielo, pero no todos producimos la misma cantidad de fruto. Por eso, le pedimos que aumente en nosotros la acción de su poder; o mejor, que estemos dispuestos a recibir gustosamente su acción en nosotros; que le dejemos hacer en nosotros lo que Él desee, que siempre es para nuestro bien. Esta es la mejor preparación que, siempre por su gracia, nos abrirá la puerta para recibir sus promesas. Sin la gracia de Dios no alcanzaremos lo que nos ha prometido; pero Dios, al revelarnos su promesas, nos regala su ayuda, su gracia, su amor, para que caminemos seguros cogidos de su mano.
“Padre, me pongo en tus manos,
haz de mi lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.” (Charles de Foucauld)