Cómo matar a Jesús.
Violencia, abusos y mecanismos de control y dominio en la Biblia.

Tomando la condena y muerte de Jesús como pórtico de la obra ya anunciada cuando cura en sábado el hombre de la mano paralizada (cf Mc 3,6; 14,1), el Autor hace un repaso por la Historia de la Salvación sobre la violencia, el abuso, el control, los sometimientos, etc., que aparecen en las narraciones bíblicas y que describen las más espantosas actitudes y comportamientos fratricidas humanos. Y los que condenan a Jesús también lo hacen en cada uno de los hombres y mujeres que son perseguidos en nuestra historia: « Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber..» (Mt 25,41-43). Y junto a los abusos y violencias, también señala la Escritura lo que sucede cuando las extorsiones que se cometen se ocultan o se silencian o a las víctimas se les amordaza la boca; o como ocurre con el profetismo de todos los tiempos, sus denuncias son acalladas con la persecución o la muerte, máxime cuando tales abusos no se pueden catalogar según parámetros elaborados a partir de la experiencia. Y todo ello lo podemos referir según Dios desde el momento que la Palabra se hace carne; Dios se inserta en nuestra historia (cf Jn 1,14). La cruz de Cristo evidencia tantos odios, rivalidades, intereses religiosos y políticos, mentiras, traiciones de Pedro y de los demás discípulos cercanos y el abandono de parte del pueblo que le increpa en el camino de la crucifixión; y aún ser tentado en la misma cruz: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz». Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo: «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban» (Mt 17,41-44). Cuando se recibe el cuerpo de Cristo en la Eucaristía o se le adora en las exposiciones se está también experimentando todos los sufrimientos que casi todo el mundo padece en su vida cotidiana; y también compadecerse de los grandes males de las poblaciones pobres.
Salmo 1: «Dichoso el hombre que no acude al consejo de los malvados y en el de los pecadores no se mantiene, y en los asientos de los bulones no se sienta […] los malvados son paja que arrebata el viento». Los malvados son los que piensan en sus propios intereses; o los pecadores son los que yerran en el blanco o huyen de Dios por un camino errado; los burlones son los que deforman el lenguaje. De esta manera el malvado aplasta a los débiles, el pecador huye del que es distinto de él y el burlón es el que ridiculiza a los que no son como él (43).— Otro capítulo emblemático de los abusos y el descontrol humanos es el tercero del Génesis, cuando la serpiente aparece en la vida de Adán y Eva y retuerce el mandato divino —¡como si el mal supiera qué es el bien!—, y Caín mata a Abel. Son símbolos de actitudes que aparecen con frecuencia en la Escritura: el justo que trata con Dios que es inocente ante la maldad humana; el don de sí mismo a los demás no se entiende desde la ambición y el abuso del débil: «El malvado lo ve y le molesta, rechina los dientes y se consume» (Sal 112,9-10) .— El salmo 73 que protesta sobre los canallas que todo les sale bien y crecen como los cedros del líbano que están junto a las orillas de los ríos, y seguros de sí no dejan de enriquecerse, mientras los justos pasan hambre.— También la Escritura relata los abusos a los niños y a las mujeres, son violaciones donde los fuertes se aprovechan su debilidad (cf 2Sam 13,20; Gén 19; Jue 19; etc.); o el endemoniado de Gerasa, que Jesús restituye en su dignidad personal y social frente a la exclusión de sus conciudadanos que lo habían recluido en el lugar de los muertos (cf Mc 5); las palabras perversas que destrozan la fama y la dignidad del otro (cf Sant 3,5-8). Otro tipo de maldad son las violaciones físicas; las palabras agresivas, descalificadoras, despectivas, humillantes, etc.; o las palabras acarameladas que seducen y someten la voluntad del otro.
Todas estas situaciones violentas no forman parte de la creación divina; las ha creado el hombre desde su libertad y, asimiladas por la cultura, se transmiten de generación tras generación formando parte del inconsciente colectivo y personal. Y no es tan fácil prescindir de dichas violencias si no conformamos nuestra vida a la de Cristo, ofrecido y vivido por la comunidad creyente.
Ediciones Sígueme, Salamanca 2022, 188 pp., 13,5 x 20,5 cm.