XXXIII DOMINGO T.O.

P. Ruiz Verdú OFM
Oración colecta
Señor y Dios nuestro, concédenos vivir siempre con alegría bajo tu mirada, ya que la felicidad plena y duradera consiste en servirte a ti, fuente y origen de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo.
Una oración de súplica: “concédenos”; confesión de que estamos necesitados de lo que pedimos. Y se lo pedimos a Aquel de quien afirmamos que es nuestro Señor y nuestro Dios. Auténtica profesión de fe. En servir a Dios consiste nuestro gozo; pero no siempre produce en nuestro ánimo alegría. Dios nos regala lo mejor para nuestro bien, pero nuestra voluntad ¿está dispuesta a recibirlo con alegría? Por lo que le pedimos “alegrarnos siempre en su servicio”, sin desfallecer, aunque el “servicio” exigido por Dios nos parezca dificultoso.
Dios es el “autor de todos los bienes”, bienes que quiere compartir con nosotros. Bienes que debemos aceptar con libertad plena, sin cobardía ni pereza. Dios ofrece, nunca obliga. ¡Todo es gracia!
Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor, que esta ofrenda sea agradable a tus ojos, nos otorgue la gracia de servirte con amor, y nos obtenga los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Siempre acudimos a la misericordia del Señor. Ella nos da confianza. En nuestra oración nunca hemos de olvidar que la misericordia de Dios es la que da ánimos a nuestro atrevimiento: Señor, escucha; y acepta nuestro pan y nuestro vino que hemos puesto sobre el altar y que tú nos ha dado; ellos son la ofrenda de tu Iglesia. A esta ofrenda debemos añadir la nuestra propia, la más personal, lo que hemos vivido durante los días de la semana: alegrías y sufrimientos, aciertos y desaciertos…, para que cuando el que preside la Eucaristía nos invite a orar diciéndonos que lo que hemos puesto en el altar es también nuestro, sea efectivamente verdad lo que pronuncian nuestros labios. Todos somos hijos de Dios, y, como tales, hemos de superar las muchas desigualdades que existen entre nosotros, para que la paz sea la constructora de una nueva sociedad en el amor.
La paz es el fruto de la justicia (profeta Isaías)
Nuestra vida está en tus manos, Señor;
nuestra alegría consiste en estar contigo.
Oración después de la comunión
Después de haber recibido los dones pascuales te pedimos humildemente, Señor, que la Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en su memoria aumente la caridad en todos nosotros. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
La oración une dos párrafos de la Escritura que conforman el sentido de nuestra vida cristiana y recoge la oración de este domingo. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo para perdonarnos nuestros pecados. Y si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (1Jn 4,7ss). No dice que devolvamos a Dios el amor que recibimos de Él, sino que la presencia amorosa del Señor en nuestra vida la orientemos hacia los demás. Y porque el poder del amor divino está en nuestros corazones, entonces podemos servir a los demás en gratuidad y libertad y estamos seguros de nuestra salvación: «Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me distéis de comer…… (Mt 35,25ss)».