Für eine demokratische Polarisierung.
Wie man dem Rechtspopulismus den Boden entzieht.

Jürgen Habermas
Blätter für deutsche und international Politik, 2017
Versión de
Antonio López Pina
BdiP Después de 1989, todo fue hablar del “fin de la Historia” en la democracia y en la economía de mercado. Actualmente, registramos la emergencia de un nuevo fenómeno en forma de un liderazgo autoritario y populista – desde Putin vía Erdoganhasta Donald Trump. Una nueva “Internacional autoritaria” está conociendo un creciente éxito en su definición del discurso político. ¿Tenía razón su coetáneo RalfDahrendorfen su predicción de un siglo XXI autoritario? ¿Cabe, debemos hablar de un cambio de época?
JH Después de las transformaciones de los años 1989-1990, cuando Fukuyamase apropió del slogan “post-history”, originalmente acuñado en el seno del conservadurismo salvaje, su re-interpretación expresaba el triunfalismo corto de vista de las elites occidentales, adheridas a una fe liberal en una suerte de armonía pre-establecida entre la economía de mercado y la democracia. Ambos elementos acuñan la dinámica de la modernización social; sin embargo están conectados a imperativos funcionales que entran repetidamente en conflicto. La conciliación entre crecimiento capitalista y la participación popular en el mismo –en el crecimiento de economías altamente productivas solo aceptada a medias como socialmente justo –, únicamente podría ser llevada a cabo por un Estado democrático digno de tal nombre. Un tal equilibrio, que justifique por vez primera el nombre de “democracia capitalista”, fue en perspectiva histórica más la excepción que la regla. Tal supuesto hace ilusoria la consolidación global del “sueño americano”.
El nuevo desorden mundial, el desvalimiento respecto de los crecientes conflictos internacionales de Estados Unidos y de Europa, es inquietante y tanto como el terrorismo islamista nos desalientan las catástrofes humanitarias en Siria o el Sudán meridional. De todos modos, en la constelación indicada por usted, no acierto a reconocer una tendencia uniforme hacia un nuevo autoritarismo; lo que percibo es más bien una serie de causas estructurales y de numerosos azares. Lo que las liga es la partitura del nacionalismo que, entretanto, ha comenzado también a desplegarse en Occidente. Incluso antes de Putin y de Erdogan, Rusia y Turquía no eran lo que podríamos llamar “democracias auténticas”. Si Occidente hubiera llevado a cabo una política más inteligente, podríamos haber tenido unas relaciones diferentes con ambos países – y las fuerzas liberales en ambos países podrían haber sido fortalecidas.
BdiP ¿No estaremos sobreestimando retrospectivamente las posibilidades de Occidente?
JH Ciertamente, habida cuenta de la variedad de intereses divergentes, no habría sido sencillo para “Occidente” elegir el momento adecuado para tratar de forma razonable con las aspiraciones geo-políticas de una superpotencia relegada, como Rusia, o con las expectativas respecto de la política europea de un fácilmente irritable Gobierno turco. Para Occidente, el caso del egomaníacoTrump es distinto. Con su desastrosa campaña electoral, está llevando a su culminación un proceso calculado y cada vez con menos escrúpulos de polarización que desde los años noventa han estado los Republicanos llevando a cabo; lo que sucede es que una escalada está dando lugar a que el control de tal movimiento se le haya ido de las manos al Grand Old Partyde Abraham Lincoln. En tal movilización del resentimiento se traducen también los descoyuntamientos sociales de una superpotencia política y económicamente en decadencia.
Lo que percibo como problemático no es tanto la Internacional autoritaria,que usted presume, cuanto la desestabilización política de nuestros países occidentales como un todo. En cualquier análisis de la retirada de Estados Unidos de su papel como potencia mundial siempre dispuesta a intervenir para restablecer el Orden, hay que prestar atención al fondo estructural – uno que afecta de forma semejante a Europa.
La globalización económica que, con su agenda neo-liberal, introdujo Washington en los 1970’s , ha traído como consecuencia – frente a China y los otros BRIC países — una relativa decadencia de Occidente. Nuestras sociedades deben procesar políticamente la conciencia de este declive global junto a la explosivamente creciente complejidad de la vida cotidiana tecnológiacemente condicionada. Reacciones nacionalistas están ganando terreno en los ambientes sociales que bien nunca, bien inadecuadamente, se han beneficiado de la mayor prosperidad de las grandes economías, por razón de que desde hace décadas no se ha materializado el una y otra vez prometido “efecto de redistribución de riqueza (trickle-downeffect)”.
BdiP Incluso si no cabe constatar una inequívoca tendencia hacia un nuevo autoritarismo, de lo que no hay duda es de un masivo giro hacia la derecha, en realidad, de una revuelta de derechas. Y la campaña del Brexitfue, en Europa, precisamente el ejemplo más descollante de tal tendencia. Usted mismo, “no contaba, en principio, con una victoria del populismo sobre el capitalismo en su país de origen”. Cualquier observador sensible no ha podido por menos de sentirse sorprendido por la irracionalidad tanto del resultado como de la propia campaña. Algo ha devenido evidente: Europa está cayendo crecientemente en la tentación populista, desde Orbany Kaczynskia Le Pen y el AfD. ¿Estamos asistiendo a un fenómeno de irracionalización de Occidente? Sectores de la Izquierda apelan a reaccionar con un populismo de izquierdas al populismo de derechas.
JH Antes de reaccionar en términos tácticos, debemos resolver el enigma de cómo el populismo de derechas se ha apropiado de temas propios de la Izquierda. La última sesión del G20 nos brindó una ilustradora escena en tal sentido. Conocimos, así, la alarma suscitada entre los Jefes de gobierno por el “peligro de la Derecha” que puede llevar a los Estados a cerrar sus puertas, levantar los puentes levadizos y destruir los mercados globalizados. A tal disposición de ánimo se acomoda el sorprendente cambio en la política social y económica que, uno de los participantes, Theresa May, había anunciado en el último Congreso del Partido conservador, y que como era de esperar provocó el furor de la prensa de negocios. Obviamente, la Primer ministro británico había analizado las razones sociales del Brexit; en cualquier caso, está tratando de desinflar las velas del populismo de derechas invirtiendo la línea tradicional de los tories y sentando las bases de un “fuerte Estado intervencionista”, a fin de combatir la marginación de las capas sociales “perdedoras” y las crecientes divisiones en la sociedad. Habida cuenta de tan irónica reversión de la agenda política, la Izquierda en Europa ha de preguntarse por las razones de que el populismo de derechas esté teniendo tanto éxito en ganarse a los oprimidos y perjudicados para la falsa senda del aislacionismo nacional.
Globalización socialmente aceptable mediante la cooperación supranacional
BdiP ¿Qué rasgos tendría una respuesta de izquierdas al desafío de las derechas?
JH Lo que hemos de preguntarnos es, por qué causa los partidos de izquierdas no se lanzan a la ofensiva contra la desigualdad social, domesticando mediante una estrategia coordinada y supranacional a los mercados desregulados. Una alternativa razonable — tanto del status quo del capitalismo salvaje como de la agenda “nacional-populista” (völkisch) o nacional-gauchista de retroceso a la presunta cuarteada soberanía de los Estados-nación – al fin de moldear una reconfiguración política de la globalización económica socialmente aceptable, únicamente la ofrece la cooperación supra-nacional. A tal fin, los tratados internacionales no se bastan; dado que, al margen de su dudosa legitimidad democrática, las decisiones políticas en materia de redistribución de riqueza únicamente pueden ser llevadas a cabo en el seno de un marco estrictamente institucional. Ello deja como exclusivo camino a seguir el arduo camino de una profundización institucional y de un encauzamiento democráticamente legitimado de la cooperación supra-nacional. Originariamente, la UE fue un tal proyecto – y una Unión política de la Eurozona bien pudiera todavía ser un tal proyecto. Ahora bien, a tal fin, los obstáculos / umbrales en el proceso estatal de decisiones son muy altos.
Desde Clinton, Blair y Schröder, las social-democracias se pasaron a la prevalente línea neo-liberal en política económica, porque la misma era o parecía ser políticamente prometedora: en la “batalla por el centro del espectro”, los partidos social-demócratas pensaron que solamente trasvistiéndose al neo-liberalismo podrían agregar las mayorías en torno a su bandera. Ello significó asumir crecientes desigualdades sociales a largo plazo. Entretanto, tal peaje – es decir, dejar económica y socio-culturalmente “tirada” a una cada vez mayor parte de la población – se ha hecho tan enorme, que las masas se han ido políticamente a la extrema Derecha. Y, ¿dónde si no? A falta de una perspectiva creible y pro-activa, a la protesta no le queda sino retirarse a formas plásticas e irracionales.
BdiP Peor aún que los populistas de derechas son los “riesgos de contagio” entre los partidos establecidos – y, de hecho, a lo largo y lo ancho de toda Europa. Bajo la presión de la Derecha, la nueva Primer ministro de Gran Bretaña ha emprendido una línea dura de disuasión o incluso expulsión de trabajadores extranjeros e inmigrantes; en Austria, el Primer ministro social-demócrata se propone restringir el derecho de asilo mediante decreto de excepción a fin de fijar una cifra límite – y en Francia, para confort del Front National, François Hollandeestá gobernando casi durante un año en estado de excepción. ¿Es Europa consciente de esta revuelta de extrema Derecha o bien las conquistas republicanas se ven irreversiblemente erosionadas?
JH A mi juicio, los políticos nacionales han reaccionado equivocadamente al populismo de derechas desde el principio. El error de los partidos establecidos reside en asumir el frente de batalla definido por el populismo de derechas: “nosotros” frente al sistema. Al respecto, no importa lo más mínimo que tal equivocación sea en forma de asimilación o de enfrentamiento a la Derecha. Valga el caso del destemplado Nicolas Sarkozy que con sus propuestas desbordó por la derecha a Marine Le Pen o el ejemplo del sobrio HeikoMaas, ministro de Justicia alemán, que entra al cuerpo a cuerpo con Alexander Gauland– lo único que han hecho ambos ha sido fortalecer a la extrema Derecha. Ambos han tomado a sus oponentes en serio, con lo cual han añadido relieve a su imagen. Después de un año, en Alemania, todo el mundo conoce el estudiadamente irónico sarcasmo de FraukePetry(la líder del AfD) así como el horrible porte del resto de esta banda. Solamente ignorando sus intervenciones podremos hacer perder el suelo bajo los pies de los populistas de extrema Derecha.
Pero ello requiere abrir un frente completamente distinto en la política nacional, haciendo cuestión fundamental del problema mencionado: ¿cómo recuperar la iniciativa política frente a las fuerzas destructoras de la salvaje globalización capitalista? En vez de ello, en el escenario político todo son colores grises, dónde, por ejemplo, se hace difícil distinguir de la agenda neo-liberal de abdicación política y del poder de chantaje de los bancos y de los mercados desregulados, la agenda de izquierdas favorable a la globalización de moldear económica y digitalmente una cohesionada sociedad global.
Habría que hacer recognoscibles de nuevo los opuestos políticos, inclusive el contraste político y cultural entre la apertura “liberal” de la Izquierda y el rasgo nacional-racista de las críticas ultra-conservadoras a la globalización económica desregulada. Sin ambages: hay que re-cristalizar en torno a los conflictos esenciales la polarización política entre los partidos establecidos. Los partidos que presten a los populistas de extrema Derecha atención más que desprecio, no deben esperar de la sociedad civil que desdeñe los slóganes y la violencia de la extrema Derecha. Consiguientemente, considero peligrosa la polarización hacia la que se mueve el núcleo duro de la oposición dentro del CDU, cuando proyecta una sospechosa visión para los años que vengan después de Merkel. Tal núcleo duro de la oposición dentro del CDU reconoce en Alexander Gauland, de nuevo la figura central del ala Dreggerdel antiguo CDU de Hesse, como carne de su propia carne, y coquetea con la idea de, mediante una coalición con el AfD, recuperar los votantes perdidos.
La generación de bases sociales para un nuevo fascismo
BdiP Incluso oralmente, comienza a haber demasiadas extravagancias: los políticos son crecientemente denunciados como “traidores al pueblo” y abiertamente insultados. Alexander Gaulandcalifica a Angela Merkel de “dictadora Canciller”. En la misma línea discurre la gradual rehabilitación del Wörtebuch des Unmenschen(Diccionario de la jerga nazi): FraukePetryse ha propuesto recuperar para el lenguaje coloquial el concepto de völkisch(nazi nacional-alemán), BjörnHöckehabla de entartetePolitik(política degenerada) y, a no más tardar, una diputado sajona del CDU se siente llamada a hablar del término nazi de Umvolkung(des-alemanización) – y todo ello sin particulares consecuencias.
JH La única lección que, a efectos de cómo tratar a la gente que emplée tales términos, los partidos democráticos deben inferir es: deben dejar de tratar ambiguamente y de dejarles ocupar el centro del debate a estos “ciudadanos preocupados” y despreciarlos por lo que realmente son, las bases sociales emergentes de un nuevo fascismo. En vez de actuar así, somos una y otra vez testigos del ridículo ritual – habitual en la Alemania anterior a 1990 –, de un constringente acto de simetrización: como si cada vez que se hable de “extremismo de derechas” resulte inevitable que, como si necesitaran escapar de su embarazo personal, los políticos se sientan inmediatamente obligados a aludir al “extremismo de izquierdas”.
BdiP ¿Cómo explica usted la acogida, en los Länderde Alemania Oriental, al populismo del AfD y la escalada de delitos racistas? O bien, ¿tal debate no plantea los auténticos problemas?
JH No deberíamos hacernos ilusiones sobre el éxito electoral del AfD también en Alemania Occidental, como mostrado en las recientes eleccions de Baden-Wurtemberga – incluso cuando los sentimientos del Sr. Meuthen(miembro del AfD) contra el legado gauchista-liberal de la generación del ’68, le hacen a uno suponer no tanto la mentalidad de un extremista de derechas cuanto una orientación ideológica arraigada en la vieja República Federal. En Alemania Occidental, los prejuicios de extrema Derecha de los votantes del AfD parecen ser filtrados a través de un medio ambiente conservador que, en la República Democrática Alemana, nunca tuvo oportunidad de desarrollarse. Hay que poner también en la cuenta de Alemania Occidental a los activistas de extrema Derecha que, al día siguiente de la Re-unificación, marcharon en manada al Éste, llevando consigo las indispensables capacidades de organización partidaria. De todos modos, por las estadísticas conocidas, una vulnerabilidad a prejuicios autoritarios y a las “viejas continuidades con el III Reich”, sin haber pasado por los filtros del Estado de Derecho y de la democracia, arraigados en Alemania Occidental, es decididamente mayor en Alemania Oriental. En la medida en que este potencial emerge de antiguos no-electores, pudo permanecer más o menos desapercibido hasta el catalizador de nuestra reciente política de refugiados: hasta entonces, tales votantes pudieron sentirse atraídos por la sesgada percepción y buena voluntad nacional del CDU oriental o, en considerable medida, captados por el partido Die Linke. Hasta cierto punto, todo ello puede haber servido a los intereses generales. Pero, para una sociedad democrática es mejor que las mentalidades políticas cuestionables no permanezcan duraderamente barridas ocultas bajo la alfombra.
Por otra parte, los gobiernos de Alemania Occidental que definieron en su momento las pautas de reunificación y de reconstrucción y que ahora cargan con la responsabilidad política de las consecuencias, pueden, habida cuenta de cómo la Historia juzga tales hechos, terminar por incluso ser considerados culpables. Mientras que la población de la antigua Alemania Occidental, bajo buenas condiciones económicas, disfrutó de la oportunidad de liberarse gradualmente, en décadas de debate público, del legado nazi, de mentes contaminadas y de elites nazis ocupantes de cargos públicos, la población de la República Democrática Alemana careció, a partir de 1990, de la oportunidad de cometer sus propios errores y de verse forzada a aprender enfrentándose a cara descubierta con su pasado nazi.
BdiP En lo que concierne a la política federal, el AfD ha empujado al CDU /CSU a una desestabilización estratégica. Consiguientemente, políticos tanto del CDU como del CSU interpusieron una propuesta formal en favor de una Cultura hegemónica de referencia y Cultura-marco nacional – alemana (Leit- undRahmenkultur), el slogan político para preservar el legado cultural, con el propósito de detener la tendencia a “dejar el patriotismo en manos de la gente equivocada”. Así se lée en ciertas páginas: “Alemania tiene el derecho a establecer lo que debe ser evidente”. Hay que promover “el arraigo en la amada patria y en la experiencia diaria del patriotismo”. En la antigua República Federal, en la estela de la creciente aceptación de la democracia, la Ley Fundamental operó más y más como la Cultura nuclear y su reconocimiento devino el parámetro de una plena integración. Actualmente, ¿estamos experimentando la transición de una Cultura de patriotismo constitucional a una Cultura nacional-alemana dominante de hábitos y costumbres, digamos, como una obligación de darse la mano al saludar a alguien?
JH Nosotros fuimos demasiado lejos asumiendo que el CDU de Merkel había dejado tras de sí las aldeanas controversias de los años 90. La política de los refugiados ha hecho aflorar a la superficie una oposición interna, que reúne los conversos del CDU Oriental con los descendientes del ala nacional-conservadora del antiguo CDU/CSU federal. Su apelación marca el punto de ruptura en el que el CDU se partiría en dos, si se le forzara a decidir entre una de dos: organizar la integración de los refugiados según los parámetros constitucionales, o bien, conforme a las ideas de la Cultura nacional- alemana mayoritaria. La constitución democrática de una sociedad pluralista proporciona derechos culturales a las minorías, de modo que las mismas disfrutan de la posibilidad de continuar su propia forma cultural de vida dentro de los límites de la ley del país. Consecuentemente, una política de integración constitucional es incompatible con una imposición legal a los inmigrantes de diverso origen, de someter su estilo de vida a la Cultura dominante del país anfitrión. Antes bien lo que se requiere es, diferenciar entre una Cultura mayoritaria arraigada en el país y una Cultura política accesible y presumiblemente igual para todos los ciudadanos.
A esta Cultura política pertenecen los contextos históricos del país, de los que se nutren la idea de los ciudadanos de sí mismos y, también, la interpretación de los principios constitucionales. La sociedad civil debe esperar de los ciudadanos inmigrantes – sin que ello sea impuesto por ley –, que voluntariamente se integren en esta Cultura política. Aquí el relato de NavidKermani, ciudadano alemás de origen iraní, publicadoen Der Spiegel, de su visita al Campo de Concentración de Auschwitz, es un emocionante e ilustrativo ejemplo; en la mezcla de lenguas de visitantes de numerosos países, NavidKermanioptó espontáneamente por unirse al silencioso grupo de los alemanes, es decir a los descendientes de la generación perpetradora de los crímenes. Y no fue en ningún caso el idioma alemán del grupo, el que le movió a conducirse así.
Dado que la Cultura política no va a continuar siendo la misma en una Cultura democrática viva de debate, los ciudadanos recién llegados disponen igual que los largamente asentados del derecho a aportar su propia voz al proceso de desarrollo y transformación de esta Cultura política común. El potencial definidor de estas voces se ve ejemplarizado por los escritores, directores de cine, actores, periodistas y científicos de éxito de familia de “Gast-Arbeiter”turcos. Los intentos de preservar una Cultura nacional nuclear mediante la ley no es ya que en Alemania sean inconstitucionales sino que suponen actuar públicamente al margen de la realidad.
La carrera de la Canciller como caso ideal-típico político
BdiP En su última interview en Die Zeit 7 de julio 2016, usted, en cuanto “lector de diarios de toda la vida”, critica una “cierta complicidad de la prensa”, sin la cual la “política de Merkel de adormecimiento de todo el mundo” no se habría extendido por toda Alemania.
Evidentemente, desde la política de los refugiados de Merkel, estamos experimentando una nueva polarización. ¿Ve usted posibilidades en ello, de que, finalmente, lleguemos los alemanes a pensar en términos de alternativas políticas?
JH Habida cuenta de la fijación con el AfD, más bien temo una difuminación de las diferencias entre el resto de los partidos. Cuando hablé de una política de adormecimiento de todo el mundo, pensaba en Europa. Nada ha cambiado desde el Brexit. Por ejemplo, nadie ha podido leer prácticamente nada sobre la reciente escalación del conflicto entre el ministro de Hacienda Schäubley el Fondo Monetario Internacional, que ha abandonado el programa de ayuda a Grecia. Sin una iniciativa para cambiar la paralizante política de recortes al gasto público, no se desarrollará en otras áreas en Europa la disposición para la cooperación.
Después del Brexit, en una interview de Die Welt, Wolfgang Schäublese ha retractado públicamente de la propuesta de futuro que, a comienzos de los años noventa, hizo con Karl Lamers, de una Europa nuclear capaz de acción. Angela Merkel, a quien hemos conocido como una político agradable, razonable en favor de políticas competentes pragmáticas pero también como una político oportunista de poder corta de vista, me ha sorprendido con su constructiva política hacia los refugiados. Su último viaje a África muestra que tiene la capacidad y la disposición de ánimo para actuar en términos estratégicos y a largo plazo. Pero, ¿qué significado atribuirle a esto último, cuando desde el 2010 persigue una política europea desde la estrecha perspectiva del egoísmo económico nacional-alemán? En realidad, respecto de Europa, en la que correspondería impulsar el desarrollo institucional de la UE a nuestro Gobierno, el mantenimiento a todo trance de la política de austeridad de Merkel,corta de vista y aferrada al mantenimiento del status quo, ha impedido los necesarios avances y profundizado masivamente las divisiones en Europa.
BdiP Usted viene pidiendo desde hace tiempo una trans-nacionalización de la democracia que fortalezca la UE, para compensar, en una sociedad global por demás interdependiente, la pérdida de control dentro de los Estados-nación. Evidentemente, van en aumento las nostalgias reaccionarias por el retorno a la célula-madre, al Estado-nación. Dada la real-existente UE y sus instituciones, ¿ve usted la menor posibilidad realista de luchar contra tal re-nacionalización?
JH Las negociaciones sobre el Brexitcolocarán tal tema en el primer plano de la agenda política. De hecho, considero correcta una diferenciación interna entre una Unión política europea de unos pueblos en una relación cada vez más estrecha – una Europa nuclear – y una periferia de Estados en expectativa, que puedan adherirse a la Europa nuclear en cualquier momento en que tengan tal voluntad política. Hasta tal extremo, toda una serie de razones políticas y datos económicos aboga en favor de un tal diseño, que pienso que más valiera a los políticos creer en la capacidad de aprendizaje de los pueblos, que justificar su abandono de un proyecto de configurar el futuro con una fatalista referencia a fuerzas sistémicas indomables. Precisamente, la carrera de Merkel, con su decisión de apear a Alemania de la energía nuclear y su ejemplar política de los refugiados, ofrece dos notables contra-ejemplos a la tesis de la inexistencia de margen para maniobrar políticamente.