DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
Reflexionando y orando

Oración colecta
Oh Dios, que has preparado bienes invisibles para los que te aman; infunde la ternura de tu amor en nuestros corazones: para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superar todo deseo.

Pedro Ruiz Verdú OFM

El amor a Dios recibe su recompensa del mismo Dios. Él ha preparado bienes, que en la oración colecta son llamados “invisibles”, inefables, que el lenguaje humano no puede expresar. Pero son bienes eternos que nos alcanzan la felicidad, ya temporal en parte; y de manera especial la eterna. Afirmada la necesidad del amor y convencidos de ello, se le pide al Señor que nos lo infunda. Pero no un amor “seco”, rígido, sino un mor de ternura y delicadeza; un amor como el suyo: “infunde la ternura de tu amor en nuestros corazones”. La finalidad de esta petición es amar a Dios en toda ocasión, también en la realización de nuestro trabajo diario, aun el más insignificante, teniendo presente lo que afirma san Francisco de Sales: “Todo por amor, nada a la fuerza”. Y siempre como primer fin: “sobre todas las cosas”. Así alcanzaremos las promesas de Dios que superan nuestros deseos.
La casa de Dios es casa de oración (1ª lectura)
Cada uno de nosotros es templo del Espíritu

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