EL BELÉN DECONSTRUIDO

Magdalena Cánovas
Instituto Teológico de Murcia OFM

Como todos los años por Navidad, nos encontramos en los centros oficiales, concretamente en los Centros de Educación Secundaria, con el problema del belén. La puesta del belén es algo tradicional en nuestra España  y en la mayoría de los países de habla hispana. Nació en la Nochebuena de 1223 cuando San Francisco de Asís decidió celebrar el nacimiento de Jesucristo en una cueva próxima a la ermita de Greccio en la región del Lazio (Italia).  Pero esta tradición católica actualmente representa para algunos, los que se dicen ateos, una terrible molestia indescriptible para sus límpidos ojos; estas “personas” se llenan de “razones” en las que afirman que es intolerable en un país laico, que se instalen en los lugares públicos manifestaciones religiosas.

Y es un error. Estamos en un Estado “aconfesional”, no laico, es por esto que distintos colectivos asentados en nuestro país también celebren sus fiestas religiosas y sus tradiciones.  No entiendo cómo estas manifestaciones de otras culturas y religiones no los escandalizan. No solo no escandalizan a estos intolerantes, sino que defienden esas tradiciones aludiendo a sus derechos. Parecen creer que los únicos que no tienen derechos son los católicos. Seguramente piensan que ser cristiano católico es algo antiguo, pasado, y  menosprecian las creencias y tradiciones que tienen que ver con la Iglesia.  Tampoco parece molestarles el árbol de Navidad, que nace en lo que ahora es Alemania, cuando los pueblos que habitaban estas tierras fueron evangelizados por San Bonifacio. Este santo reemplazó el roble (árbol totémico para estos pueblos) por el pino, aludiendo al árbol del paraíso y como símbolo del amor de Dios y de la vida eterna. Hoy esta tradición cristiana se ha extendido por más de medio mundo. En Europa y en Estados Unidos, no se ven grandes protestas por los árboles de navidad, ni por las luces, ni nada por el estilo.

El problema del belén  se debe a una enorme falta de respeto hacia los demás. Lo que más me admira, y no he podido comprender todavía, es cómo los ateos tolerantes con todas las tradiciones de otras culturas, no toleran sus propias tradiciones, esos valores que están en la base del cristianismo y que han hecho de Occidente un lugar envidiado y codiciado por otros pueblos de muy  distintas creencias y procedencia.  Entre estos valores cristianos está el dotar al ser humano de una dignidad y un valor que lo hacen portador de derechos, es decir “persona”. Pero es la cobardía de los propios católicos la que menos comprendo. Les da miedo defender el belén dentro de su propio centro de trabajo, para no herir la exquisita sensibilidad de sus compañeros ateos.

Y me pregunto, los derechos humanos y las libertades, la  igualdad, la tolerancia, etc., que siempre están en boca de estos intransigentes, ¿no son para todos los humanos?, ¿no se deben dar a todos los hombres?, ¿no debemos respetar la libertad de expresión de todos?, ¿qué problema tiene entonces la puesta del belén?  Además es una muestra bellísima de expresión artística.  Son incapaces de compartir nada con nadie que no les siga la corriente. Creo que debemos seguir fomentando el belén en todas partes, sobre todo en nuestras casas, haciendo partícipes a toda la familia, y dar a entender que Jesús ha nacido por todos, absolutamente por todos, para que alcancen la dignidad como personas que llevan inscritas en su alma.

No han entendido que el respeto debe de ser mutuo y, que para que una sociedad funcione bien hay una ética de mínimos que se ha de cumplir. La primera regla es el respeto hacia los demás, que no son demás o de menos; son “todos”.

 

 

 

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