IV Domingo T. O.

Oración después de la comunión

Alimentados por estos dones de nuestra redención, te suplicamos, Señor, que, con este auxilio de salvación eterna, crezca continuamente la fe verdadera. Por Jesucristo nuestro Señor.

Pedro Ruiz Verdú OFM

Terminada la comunión nos ponemos en situación de silencio. Estos breves minutos de silencio, no deben ser de espera obligada hasta que el ministro del altar nos invite a  levantarnos porque ha llegado el momento de concluir la celebración. Bueno es que tengamos preparados nuestra mente y corazón para aceptar lo que Jesús quiera decirnos  y darnos. Y hoy, la Iglesia toda le pide un crecimiento continuo en la  fe verdadera que nos defienda de los errores que a menudo nos acechan. La Eucaristía, fuerza de Dios para sus hijos, la cual recibimos porque en Jesús hemos puesto nuestra seguridad, es el mejor remedio que tenemos para seguir firmes en la fe, regalo de Dios.

Señor, nuestra gloria es alabarte;

no quede yo defraudado tras haberte invocado.

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