JACOPONE DE TODI

(hacia 1230-1306)

Franciscano, de los «espirituales», poeta y místico. Nació en Todi, en la Umbría italiana, no lejos de Asís, de la familia Benedetti. Cuando tenía unos cuarenta años perdió la mujer y «se convirtió». Vivió un tiempo como eremita penitente y luego ingresó en la Orden franciscana y, aunque era hombre de cierta cultura (no es seguro que fuese abogado), quiso ser siempre hermano lego. En las discusiones entre los franciscanos sobre la observancia de la Regla se puso de parte de los espirituales, contra la Communitas Ordinis. A causa de sus ideas espiritualistas pasó algunos años en prisión (1297-1303). Murió en Collazone (Perusa). Es uno de los más conocidos autores de «laudes» de la Edad Media. De él tenemos, además del Stabat Mater, un centenar de Laudes; los escritos en prosa que se le atribuyen son de dudosa autenticidad. Las Laudes pueden dividirse en cuatro grupos: doctrinales, místicas, hagiográficas y satíricas.

Su pensamiento espiritual se saca sólo de las Laudes y por ello es fragmentario. Podemos distinguir la doctrina espiritual en general y la franciscana en especial. En cuanto a la primera, encontramos el árbol de la contemplación (motivo muy común en la Edad Media), «en que se representan simbólicamente los grados a través de los cuales el alma llega hasta la unión divina. Realiza su ascensión hacia Dios pasando sucesivamente por tres árboles, el de la fe, el de la esperanza y el de la caridad». También hallamos acentuado el fin práctico: «Conmover al alma esclava del pecado y, después de que ésta haya recuperado la gracia, acompañarla paso a paso en el camino de acercamiento a Dios, en cuyo amor perfecto consiste la verdadera felicidad, el verdadero paraíso en la tierra» (Fernando de S. María). Para obtener esa felicidad, propone la consideración del estado miserable de los pecadores y de los condenados, y también la consideración de los sufrimientos que Cristo padeció por nuestra salvación. Para corresponder mejor a la invitación de Cristo, el alma es conducida por el camino de la penitencia rigurosa, del desapego y del anonadamiento. Con el desapego está unida la práctica de la perfecta pobreza. La unión mística se efectúa por medio del amor.

En cuanto a la doctrina espiritual franciscana, hay que reconocerle una aportación parcial: la acentuación del amor hasta el llanto porque «el Amor no es amado», la nota penitencial hasta la austeridad, las exigencias de retiro y sobre todo la práctica de la pobreza más radical. Pero, al pertenecer al ambiente de los espirituales, descuida otros elementos de la espiritualidad franciscana, como su nota apostólica y las consiguientes exigencias, la reverencia y sumisión a la Iglesia jerárquica, la comprensión fraterna. Ejerció un influjo discreto, especialmente en autores franciscanos y clarisas. Es el poeta del espiritualismo de los frailes menores. En cuanto a la santidad de su vida, digamos que el proceso de beatificación está cerrado a causa de sus escritos satíricos. [Cf. A. Matanic, en Dicc. de Espiritualidad, Herder].

 

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