UNA FORMA DE PENITENCIA

Alternativa y necesaria
Mejorar los comportamientos habituales en sentido positivo

Rafael Sanz Valdivieso OFM

Los hábitos o comportamientos adquiridos, a veces como si fueran automatismos reiterados en el tiempo, pueden explicarse como pensamientos o actos que están profundamente arraigados en nosotros; los realizamos a veces como si fueran sutomáticos e inconscientes, como guiados por un piloto automático
Son actitudes o comportamientos que pueden ser limitadores o, en sentido positivo, una ayuda que potencia favorablemente nuestro modo de ser. Estamos todos funcionando con esos hábitos o comportamientos que son positivos y, en algunas ocasiones negativos. Las circunstancias externas o las condiciones de vida y la formación de cada uno pueden hacer nuestra vida complicada o más difícil en el camino de la felicidad o del éxito, en el que es muy importante el papel que juega el pensamiento y la mente de cada uno, o los comportamientos y actitudes habituales.
Para orientarlos según el sentido de la penitencia / metanoia del evangelio y para darle un sentido a la cuaresma y al camino penitencial al que se nos invita en ese tiempo (luchar contra las tentaciones), podemos ver algunas de esas actitudes o de los comportamientos cotidianos que son más negativos y que las personas nos creamos sin ayuda de nadie.
1. – El juicio o la opinión de los demás que nos asusta (tentación al victi-mismo innecesario). Hay algunas personas que alimentan una preocupación excesiva respecto de ls opiniones y juicios de los demás; por eso se preocupan de no exponerse, de permanecer en segundo plano y de elegir un perfil plano, lo que puede resultar en una vida limitada o atemorizada.
Frente a este comportamiento hay que tomar conciencia de un dato real: es muy probable que los demás se preocupen, mucho menos de cuanto pienses, de lo que uno dice o de lo que uno hace. No hay un “foco” reflector concentrado sobre ti. En vez de pensar sólo en ti mismo y en cómo te ven los demás, dirige tu atención a los demás, considera lo que necesitan, vuélcate en lo que puedes hacer por ellos, para escucharles y ayudarles.
2. – Los que se complican por sí solos y se hacen la vida complicadísima (tentación auto–referencial y un poco narcisista), más de lo que ya es en sí, tienen que tener en cuenta que contribuyen ellos mismos, de forma decisiva, a aumentar los niveles de tensión, de estrés, y la insatisfacción que genera. Se puede intentar, una penitencia a la mano de todos, el establecer una o dos prioridades cada día sobre las que concentrar la atención y ejercer la acción bien sea el trabajo manual, el estudio, o la actividad profesional que requiera la dedicación y la serenidad con la que concentrar nuestra inteligencia, así seremos capaces de una mayor eficacia, de una mejor colaboración con los demás, y más productivos en todos los sentidos.
No hay que obsesionarse, por ejemplo, por estar al día en noticias o en modas, en las propagandas o exhibiciones de nadie, ni tampoco por estar apegado y conectado al teléfono móvil, al ipad o al tablet. Si te ves superado por la tensión, o por las circunstancias y el cansancio o la confusión, párate un instante, concentra tu atención y respira con tranquilidad sin precipitarte.
3. – La manía de asociar la felicidad a la perfección, tentación próxima a la presunción. La felicidad no se puede encontrar si te obsesionas con la perfección, pues el perfeccionista derrocha mucha energía física y mental. Es mejor adquiri la capacidad de gestionar las varias imperfecciones y defectillos que forman parte de nuestro mundo entorno (¡empezando por uno mismo!). La forma de practicar la penitencia en estre caso es el ejercicio de aprendizaje consciente para vivir con las imperfecciones y para desmontar el mito de la perfección que consume tanta energía física y mental. Proponte sinceramente hacer las cosas bien y no te obsesiones, haz cada cosa a su tiempo y con alegría.
4. – La tentación de las voces negativas y pesimistas, que hacen más difícil la convivencia, pues lo negativo de los que nos rodean, sus palabras o actitudes un poco ácidas, arrastran porque parece que no saben ver la vida sino es desde el punto de vista más negro o pesimista. Se puede combatir esas tentaciones con una actitud poderosa que favorece el pensamiento positivo y las influencias más serenas; es el buscar la higiene mental de quien se acerca a los demás y ve los acontecimientos sin prejuicios y con apertura de mente. Hay que intentar compartir el tiempo con los demás, con personas “normales” y positivas, sin dejar lugar a murmuraciones o comentarios y cotilleos banales; se puede ayudar a ver las cosas con más serenidad leyendo algún libro que inspire o escuchando música que eleve el ánimo y ayude a sonreír y ver la vida de forma nueva y agradecida.
5. – La tentación de permanecer anclados en el pasado con temor ante el futuro (propia del caracol, para encerrarse siempre). Pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor y recordar sin cesar acontecimientos dolorosos del pasado, conflictos, oportunidades perdidas, puede hacer bastante mal. Y si se fija uno obsesivamente en le futuro, en lo que podrá siempre ir de mal en peor, sea por la salud o por los resultados del trabajo, de las amistades, de la familia, puede resultar devastador.
Dado que es prácticamente imposible no tener en cuenta el pasado y el mirar hacia el futuro, hay que aprender del pasado y tratar de planificar en lo posible el futuro, pero viviendo el momento presente con sencillez y perseverancia, sin alimentos obsesiones o desconfianzas (luchemos contra la llamada Ley de Murphy: “Si algo puede salir mal, seguramente saldrá mal”).
6. – La tentación de compararse y / o de comparar la propia vida con la de los demás, una actitud habitualmente destructiva porque siempre se piensa que la propia vida es peor que la de las demás personas. Hay que intentar superar ese momento concentrando la atención en uno mismo (¡por una vez!) valorando positivamente lo que u no ha llegado a ser, la madurez que haya adquirido, y el progreso hasta conseguir los objetivos propuestos. Es un modo de promover la gratitud y de dar gracias a Dios por la inteligencia (sí, también la tienes tú, ¡úsala positivamente!) y sé siempre educado y atento hacia ti mismo y, sobre todo, hacia los demás. Así podrás comprender de dónde vienes, los obstáculo que has superado felizmente, y todo lo bueno que has hecho. Se amable y cortés, que es una penitencia muy rentable.
El modo de pensar sobre, y de comportarse con, los demás es de una importancia notable porque muestra cómo piensas y cómo te comportas contigo mismo y con los demás. Cuanto más juzgues y critiques a los demás, más tenderás a juzgarte y criticarte a ti mismo, y muchas veces “con acritud”, con la deriva de la amargura insatisfecha. Cuanto más amable y cortés, disponible, te muestres hacia los demás, más podras serlo contigo mismo.
Conclusión: Es una forma de practicar la penitencia que se basa en el sentido común, y también en el Evangelio. El sentido común no se aprende en internet o en windows, sino en la práctica sincera y en la vida sencilla y compartida, como nos propone los mandamientos. Por favor, lee y considera lo que dice Lucas 6, 27-38 porque y se trata de no dejar que el corazón de cada uno de nosotros haga espacio para alguien como ”si fuera un enemigo”. No se trata de olvidar la diferencia, e incluso la oposición posible, sino de reconocer que todos tiene sitio, y que Dios nos pide que estemos atentos a nuestro modo de hablar y de actuar. Léase Lc 6,39-45 donde el valor de cada persona resulta claro por la claridad, la profundidad y limpieza de sus palabras y acciones. La boca expresa la abundancia del corazón, y del tesoro que en él se encuentra podemos evaluar al hermano, al prójimo, no obstante todas las “pajas” que puedan verse en el ojo ajeno.

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