Encuentro del Papa Francisco con los musulmanes en El Cairo, Abu Dhabi y Rabat

El día 14 de marzo, Fr. Everardo, Franciscano de México que estudia la Licencia en Teología Fundamental en el ITM iba a comer con las Capuchinas Mexicanas que viven en el Convento sito en el Malecón de Murcia. Al principio está la imagen de San Francisco. Y he aquí que se encuentra una madre musulmana que está siendo fotografiada por su hijo y colocando la mano amiga sobre Nuestro Padre. Y recoge la instantánea. Es el mejor símbolo que puede tener San Francisco y los esfuerzos que está haciendo el Papa en El Cairo, Abu Dahbi y Rabat en el VIII Centenario del encuentro de San Francisco con el Sultán.
En efecto. San Francisco viaja a Egipto en el año 1219. Llega a Damieta. Hay una guerra entre cristianos y sarracenos. Cuando Francisco contempla los preparativos para la batalla, pretende disuadir a los cristianos. Después visita al sultán Melek al-Kamel (1218-38), es el sultán que firma el tratado de Jaffa con Federico II en el año 1229. En el año 1219 se intenta negociar la paz, pero no hubo acuerdo y comienza la guerra el 26 de setiembre del mismo año. Seguramente poco antes del inicio de la guerra es cuando Francisco visita al Sultán. No olvidemos que es sunita y cree que Jesús es uno de los cinco profetas que hay que venerar. Otra cosa hubiese sido si fuera chiita. El Sultán ni lo martiriza ni lo toma como un enemigo peligroso, porque Francisco va con la cruz y el diálogo, que no con las armas, enviado por el «Dios Altísimo, para mostrar a él [sultán] y a su pueblo el camino de la salvación y anunciarles el Evangelio de la verdad»; «… el sultán lo miraba como un hombre distinto a los demás» (San Buenaventura, Leyenda Mayor 9,9).

Y el día 31 de marzo en Rabat dijo el Papa Francisco sobre los emigrantes:

Queridos amigos: Me complace tener esta oportunidad de encontraros durante mi visita al Reino de Marruecos. Es una ocasión que me permite expresaros nuevamente mi cercanía y hacer frente con vosotros a esta herida grande y dolorosa que continúa desgarrando los inicios de este siglo XXI. Herida que clama al cielo, y por eso no queremos que nuestra palabra sea la indiferencia y el silencio (cf. Ex 3,7). Mucho más cuando se constata que son muchos millones los refugiados y los demás migrantes forzados que piden la protección internacional, sin contar a las víctimas de la trata y de las nuevas formas de esclavitud en manos de organizaciones criminales. Nadie puede ser indiferente ante este dolor. Agradezco a Mons. Santiago Agrelo OFM sus palabras de bienvenida y el compromiso de la Iglesia en favor de los migrantes. También agradezco a Jackson por su testimonio, y a todos vosotros, migrantes y miembros de las asociaciones que están a su servicio, que habéis venido aquí esta tarde para estar juntos, para fortalecer los lazos entre nosotros y que sigamos comprometiéndonos en asegurar condiciones de vida dignas para todos. Gracias a los niños, ellos son la esperanza, por ellos debemos de luchar. Ellos tienen derecho, derecho a la vida, derecho a la dignidad, luchemos por ellos.

Pueden ser las mejores palabras dirigidas a esa madre que acaricia a San Francisco en Murcia.

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