«ESPIRITUALES FRANCISCANOS ».

A. Matanic

Son los seguidores del movimiento por una más integral, celosa, rígida y espiritual observancia de la Regla y del Testamento de san Francisco. En las fuentes medievales se llaman también fratres zelantes, fratres pauperes, pauperes eremitae… Surgieron poco después de la muerte de san Buenaventura (†1274) y fueron condenados en 1318 por Juan XXII. Después de la condena tuvieron suertes diversas: unos se sometieron, otros formaron una nueva fundación que tuvo por jefe a Ángel Clareno, y otros se pasaron a los rebeldes fraticelli. Hasta 1318 los tres focos de los espirituales fueron las Marcas y Toscana en Italia, Provenza en Francia y el reino de Aragón en España.
Ideas características. Ante todo, el joaquinismo, es decir, la adhesión a las ideas de Joaquín de Fiore (†1202). Luego, la insistencia en una observancia rígida de las voluntades y del ejemplo de san Francisco, especialmente en lo que se refiere a la pobreza. Rechazaban toda interpretación pontificia de la Regla, llegando a negar la competencia papal a este respecto. Además, había una aversión hacia los estudios, debida a su convicción de que comprometían los primitivos ideales de san Francisco. Finalmente, la tendencia a la vida más retirada, contemplativa y eremítica, posponiendo así las exigencias de apostolado.
Origen y desarrollo hasta la condena. Hay quienes creen que hubo antecesores de los espirituales incluso entre los compañeros de san Francisco, destacando a fray León (†1271). Pero antes de la muerte de san Buenaventura no es posible hablar del movimiento espiritualista en sentido amplio y marcado. Sus famosos jefes -Ángel Clareno, Ubertino de Casale y Pedro Juan Olivi- fueron favorecidos por Celestino V, que les concedió cierta autonomía. Pero Bonifacio VIII les lanzó excomuniones. Durante el pontificado de Clemente V (†1314) los espirituales de Provenza se convirtieron en los primeros acusadores de la comunidad de la Orden, exagerando y manipulando relatos de la primitiva historia franciscana, interpretando tendenciosamente algunas ideas de san Francisco, de Juan de Parma, de Hugo de Digne y del mismo Olivi. En 1310 Clemente V se decidió a realizar una investigación en la Orden franciscana. Mientras tanto salieron panfletos de acusación y de defensa por ambas partes. Incluso el concilio de Vienne de 1311-1312 se ocupó de estas cuestiones. La declaración papal de la Regla franciscana, Exivi de Paradiso, no serenó a todos. Juan XXII, a partir de 1316, intentó conducir a los espirituales a la obediencia. Al encontrar graves resistencias, el Papa publicó la constitución Quorumdam exigit (7-X-1317), en la que declaró que los superiores de la Orden son quienes han de juzgar las necesidades materiales de los súbditos y reafirmó la necesidad de la obediencia, y poco después la bula Gloriosam Ecclesiam (23-I-1318), con la que los espirituales desobedientes y contumaces fueron definitivamente condenados.
A los espirituales hay que reconocerles su celo por la observancia, la pobreza, la austeridad de vida, y su buena fe. Pero les cegó su rigidez y hasta fanatismo, que les llevó a oponerse a la autoridad pontificia y a la obediencia, a ofender a la caridad y a usar a veces razones no del todo veraces.

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