PEDRO DE CANDÍA

(1340?-1410)

Pedro de Candía, cuyo verdadero nombre es Pedro Philargis o Philaretes, nació hacia el año 1340 en Creta, que entonces pertenecía a la República de Venecia, y fue un hombre que desarrolló una actividad intensa en Italia, Francia e Inglaterra. Entró en la Orden franciscana, estudió en Padua, obtuvo el bachillerato de teología en Oxford y fue maestro de teología en París (1378-1381). Obispo de Piacenza, Vicenza y Novara, arzobispo de Milán, creado cardenal en 1405 y, finalmente, en el Concilio de Pisa (1409), convocado para poner fin al Gran Cisma de Occidente, fue elegido antipapa y tomó el nombre de Alejandro V. Murió en Bolonia el 3 de mayo de 1410.
Hombre amable, poliédrico e irónico con los otros, con las diversas escuelas y consigo mismo. Con temperamento griego e ironía socrática salió a la defensa de su compatriota Platón, pero sin olvidar al otro griego, Aristóteles. Nos ha dejado diversos comentarios sobre las Sentencias y cuatro Principia o lecciones inaugurales. Sus comentarios a las Sentencias no siguen la técnica acostumbrada, es decir, respetar el orden de las materias señaladas por Lombardo, sino que elige una serie de cuestiones que más preocupaban entonces. Además, sus Comentarios no iban dirigidos a sus alumnos, sino a sus colegas y maestros.
Su pensamiento no es aún suficientemente explorado y conocido; por eso resulta muy difícil clasificarlo, sobre todo teniendo en cuenta su espíritu ecléctico, su desconfianza de los sistemas y su independencia mental. Según Ehrle, la doctrina de Pedro es un nominalismo teñido de escotismo o un escotismo teñido de nominalismo. En sus Comentarios a las Sentencias se da un repaso a las tesis de muchos autores de su generación y de la anterior. De todos ofrece argumentos y críticas, dejando al lector el propio juicio de valor.
A principios del siglo XV la situación de la Iglesia era delicada a causa del Cisma: dos papas, Gregorio XII en Roma y Benedicto XIII en Peñíscola. Fracasados los intentos de unificación, cardenales de uno y otro, disgustados por su comportamiento, convocaron un concilio general en Pisa. El concilio depuso a los dos papas, y el día 26 de junio de 1409 eligió como nuevo papa al cardenal milanés, nuestro Pedro, que se llamó Alejandro V y fijó su sede en Bolonia. La confusión y división que reinaba en la cristiandad no mejoró sino que empeoró. En el mundo franciscano quiso promover la verdadera renovación de la Observancia, por lo que anuló las concesiones y privilegios concedidos por Benedicto XIII a los Observantes de Francia, intento que no se consolidó por la pronta muerte de Pedro.

Cf J. A. Merino, Historia de la Filosofía Franciscana. Madrid 1993..

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