IV domingo de Pascua

 Oración después de la comunión

Pastor bueno, vela compasivo sobre tu rebaño y conduce a los pastos eternos a las ovejas que has redimido con la sangre preciosa de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

P. Ruiz Verdú OFM

Dios se había manifestado siempre a Israel como el Pastor de su pueblo. Ahora, en su Hijo y por su Hijo, se nos ha acercado tanto que vive en nosotros velando nuestra vida para que no nos desviemos del verdadero camino. Él, Pastor bueno, conoce su rebaño y lo conduce allí donde se encuentra el mejor alimento para sus ovejas: ahora, en el tiempo, a la Eucaristía; y después, al banquete eterno. La muerte de Jesús es la garantía que Dios nos da de que todo esto es verdad: sólo queda por nuestra parte, después de recibir el gran don de Dios, la comunión, vivir, en la fe y en la esperanza, este misterio. “La misericordia del Señor llena la tierra”.

Dice Jesús: Yo soy el Buen Pastor.
Conozco mis ovejas,
ellas me conocen y me siguen
y les doy la vida eterna.

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.