Santísima Trinidad

Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, que la recepción de este sacramento y la profesión de fe en la santa y eterna Trinidad y en su unidad indivisible, nos aprovechen para la salvación del alma y del cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Pedro Ruiz Verdú OFM

Hoy la celebración litúrgica nos ha invitado a contemplar el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es Dios Padre quien nos da a su Hijo, Jesús Salvador, y nos envía el Espíritu para que podamos contemplar en nosotros su misterio. Después de comulgar, Dios está en su plenitud en nosotros. Es la fe la que nos asegura esta permanencia, como Cristo Jesús lo afirmó en el discurso sobre la Eucaristía en la Sinagoga de Cafarnaún: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6, 56). Creer a Jesús es para nosotros vida eterna. Es dejarse conducir por él como camino necesario y único. Eucaristía-comunión y fe nos aprovechan para la salvación del alma y del cuerpo: “Y yo lo resucitaré, dice Jesús, en el último día” (Jn 6,54).

Como somos hijos,

Dios Padre ha enviado a nuestros corazones

el Espíritu de su Hijo, que clama:

¡Abba-Padre!

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