XIII Domingo T.O.

 

Oración después de la comunión

La ofrenda divina que hemos presentado y recibido nos vivifique, Señor, para que, unidos a ti en amor continuo, demos frutos que siempre permanezcan. Por Jesucristo, nuestro Señor.

P. Ruiz Verdú OFM

De Dios recibimos lo que a Dios hemos presentado. Pero con una diferencia esencial:  le presentamos pan y vino y recibimos el Cuerpo y la Sangre de su Hijo en razón de las  palabras de Jesús pronunciadas en su nombre sobre el pan y el vino por el ministro sacerdotal. Esta ofrenda divina es la que en el tiempo presente nos da la vida eterna en esperanza y la fortaleza para alcanzarla. Esto exige de cada uno de nosotros vivir unidos  a Dios por el amor; no un amor pasajero, sino continuo, manifestado en las obras que el amor de Dios nos exige.

Seamos perfectos y amemos a Dios como Él nos ama

y recibiremos de Dios la felicidad que Él nos ha prometido.

 

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