XIV DOMINGO (C)

Del Evangelio según San Lucas 10,1-12.
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».

1.-Jesús envía a sus discípulos para expulsar demonios y curar enfermos, como él empezó su ministerio en la sinagoga de Cafarnaún (cf Mc 1,21-26). Con ello amplía y prolonga su misión. La acción de vencer a Satanás, la alternativa de Dios, declara la presencia del Reino y, con la presencia, la urgencia de proclamarla a los cuatro vientos, porque el fin del mundo se acerca, al menos como dominio predominante del mal, y es urgente anunciarlo. Por eso, hay que dejar de lado los medios necesarios para un viaje ordinario: prescindir del bastón para apoyarse y defenderse en el camino, de la alforja para guardar los alimentos, del pan para alimentarse, del dinero para remediar cualquier necesidad, de la túnica de repuesto para protegerse del frío de la noche, etc. Es la manera de acreditar el mensaje y exhibir su total dependencia de Dios.

2.- Cuando los setenta y dos discípulos expulsan demonios y curan, no realizan simples acciones ad extra, sino que es un reflejo de sus actitudes vitales que, como las de Jesús, representan el Reino. El desempeño de la misión tiene su primer acto en la elección, el que Jesús los llame junto a sí. Y la elección llevaba consigo «que convivieran con él» (Mc 3,14). Las relaciones que mantienen entre sí reproducen la conducta que Jesús tiene con ellos y fomenta entre ellos, y todo el grupo transido por la filiación simboliza la decisión divina de salvación que transmite el Reino. Los comportamientos y las actitudes que los fundan son decisivos para hacer creíble la misión, ya que su convivencia encarna la relación nueva que Dios ha establecido con los hombres y que son destinatarios de su ministerio.

3.-La misión de proclamar la presencia del bien en la historia humana y que dicha proclamación sea acompañada por el testimonio de vida, sigue siendo esencial para la relevancia del cristianismo. Los creyentes no podemos ni dedicarnos solamente a la vivencia personal de la presencia divina siguiendo un camino individual y comunitario de salvación, ni tampoco podemos prescindir del testimonio personal y comunitario para proclamar exclusivamente que el bien se impone al mal. Las dos cosas son relevantes en los cristianos, porque se explican entre sí: nuestra vida testimonia y hace el bien y la palabra expresa el porqué, lo explica y proclama.

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