XIX DOMINGO (C)

Del Evangelio según San Lucas 12,32-40.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

1.- La cercanía del Reino exige atención. Jesús anuncia un juicio de Dios que cree muy cercano. La proximidad del juicio, la urgencia para que el hombre se decida a favor o en contra del Reino, las connotaciones que lleva consigo, el premio y el castigo, la exclusión del Reino, etc., las ha ilustrado con las parábolas del hombre que edificó su casa sobre roca (cf Lc 6,47-49), del encuentro del hombre con Dios al final de los tiempos (cf Mt 25,31-46), de los invitados que se excusan de asistir al banquete (cf Lc 14,16-24), de los viñadores homicidas (cf Mc 12,1-12par), del administrador infiel (cf Lc 16,1-8), de los talentos (cf Lc 19,15-24), de la cizaña (cf Mt 13,24-30) y de la red (cf Mt 13,47-50). Jesús, pues, sentía inminente la inauguración definitiva del Reino y el cambio radical de la historia humana. Por eso, además de la vigilancia, cuida las actitudes del rebaño que espera al Señor.

2.- Jesús enseña que hay que evitar las sorpresas. Lo que aquí está en juego es lo imprevisible de la llegada del señor o del ladrón. Para ello, la actitud a adoptar es la de la fidelidad. La vigilancia se fundamenta y debe ir acompañada de la responsabilidad frente a los deberes impuestos por el señor, porque, aunque este esté ausente, no por esto se debe cambiar el sentido de vida que supone depender de él. Es una seria admonición que hace Jesús a los responsables de la vida religiosa y social del judaísmo que abusan de los pobres por el poder que les dan las instituciones que gobiernan, cuando ellos solo deben ser representativos del amor de Dios a su pueblo. Por eso, les insta a abrirse a la novedad del Reino, desinstalarse y saber leer, oír y ver a quienes tienen ante sus ojos. El Reino, lo que tienen ante los ojos, es el pequeño rebaño que sigue de cerca a Jesús y en él encuentra la paz del desprendimiento que entraña la fe en la Providencia divina.

3.- Debemos eludir las distracciones que la cultura y la sociedad nos ofrecen. Es muy fácil, por las invitaciones que nos ofrecen los medios de comunicación y los comercios de la sociedad de consumo, ir de un lado a otro, comprando, vendiendo, acumulando, perdiendo el tiempo. No acertamos con los objetivos fundamentales de la vida y cuando nos damos cuenta es tarde. Jesús advierte: hay que poner el corazón donde se pueda apoyar nuestra vida: los valores humanos y religiosos que podamos comunicar a los demás. Ese es nuestro tesoro.

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