XIX DOMINGO (C)

Del Evangelio según San Lucas 12,32-40.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

            Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

 

                 1.- La fidelidad al Señor se justifica por el premio o castigo que Él dará en el futuro cuando venga, o, también, como una fidelidad en los trabajos que no tiene el «señor» por qué recompensar. Esto va contra la autojustificación farisaica o la convicción de que Dios debe corresponder o pagar los méritos acumulados en la existencia de los «justos». No vale, como veremos, la relación contractual entre Dios y el creyente sobre la salvación, y menos la vanagloria de haber cumplido con las obligaciones pertinentes a las responsabilidades de cada cual. Al creyente le basta con cumplir su deber, y la recompensa es pura «gracia». Lo escribe Lucas poco más adelante: «¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”» (Lc 17,7-10).

  1. ¿Dónde está el tesoro de la Iglesia?, porque ella es el pequeño rebaño de Jesús. El tesoro de la Iglesia se compone de: 1ª El Evangelio, que nos transmite la vida de Jesús. Por la fe en el Evangelio nos relacionamos con el Señor gracias a su Espíritu. La fe la cuidamos por la oración y los sacramentos. 2ª La Evangelización a los marginados, en los países más alejados y pobres y en nuestros países sobrados de riqueza. 3ª En el cuidado de la inteligencia de la fe que nos ofrece la revelación y el magisterio de los pensadores cristianos. Las tres a la vez.

3.-  Antela venida del Reino o de la muerte personal, es necesaria una actitud recta, por la que Dios, al llegar de una manera inesperada, pueda reconocernos como hijos. No vale, pues, la explicación tradicional de que cada desgracia viene porque se ha cometido previamente un pecado. Cada uno es responsable de sus actos, actos que deben estar siempre inspirados y fortalecidos por el amor de Dios, que nos cuida y protege.

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