Clara de Asís.

Comentario teológico a su Testamento.

 

Francisco Martínez Fresneda

 

El Testamento lo compone Santa Clara  hacia el final de su vida cuando todavía no había sido aprobada la Regla por el papa Inocencio IV el 9 de agosto de 1253, dos días antes de morir.  Santa Clara escribe el Testamento sin saber aún si la Regla se iba a reconocer en los términos que defendía en la cuestión sobre la pobreza; por eso manifiesta su última voluntad con este escrito, que no es otro que seguir la pobreza radical que prometió a San Francisco y al que quiere ser fiel hasta el final. En este sentido dice sor Felipa, hija de Leonardo de Gislerio y religiosa de San Damián: «Y al fin de su vida, llamando a todas las hermanas, les recomendó encarecidamente el Privilegio de la Pobreza. Y con grandes deseos de tener bulada la regla de la Orden y de poder besar un día la bula y al día siguiente morir, le ocurrió como deseaba; pues, ya próxima a la muerte, llegó un fraile con las Letras buladas, y tomándolas reverentemente, ella misma se llevó la bula a los labios para besarla».

El Testamento de Santa Clara, siguiendo a San Francisco, es un escrito que expresa su honda experiencia de fe; por eso da lugar a unos pensamientos creyentes que iluminan constantemente la existencia de la Familia Franciscana.  Santa Clara escribe con espontaneidad y soltura, y sin un esquema previamente estudiado y fijado lo que quiere dejar a sus hermanas: el más grande patrimonio de su vida, que no es oro ni plata, sino su seguimiento de Jesucristo pobre,  observando a  San Francisco.

El Testamento se puede dividir en seis partes: 1ª la vocación (vv. 1-23); 2ª el origen de las hermanas (vv. 24-36); 3ª el compromiso de la pobreza (vv. 37-55); 4ª la relación fraterna (vv. 56-70); 5ª la perseverancia (vv. 71-78) y 6ª bendición (v. 79); o en cinco, si la bendición se integra en la perseverancia; o en cuatro: 1ª la vocación (vv. 1-23); 2ª la memoria de los inicios (vv.24-36);  3ª la santa pobreza (vv. 37-55); 4ª el amor entre las hermanas (vv. 56-79). Nosotros los dividimos en tres: El Señor (vv. 1-23); la «forma de vida» de Santa Clara y sus hermanas (vv. 24-55); y las fraternidad (vv. 56-79). El hilo conductor del Testamento es la vocación de Santa Clara, sus motivaciones y convicciones cristianas más profundas, que constituyen el cimiento de la fundación clariana y su rica aportación a la espiritualidad cristiana. Santa Clara quiere mostrar a sus hermanas lo siguiente: una vocación que sea el marco en el que se encierre el sentido de vida evangélico de todas las que la siguen.

Desarrollamos y explicamos sus afirmaciones teológicas, dejando aparte la crítica textual y su lugar dentro de la rica espiritualidad franciscana. Aclaramos  la explicación con textos paralelos de Santa Clara y de San Francisco. Y, sobre todo, ilustramos el Testamento con la vida de Jesús que se relata en los Evangelios y la interpretación actual del proyecto de vida franciscano. De esta forma, comprobaremos la dimensión cristológica de la espiritualidad clariana, hasta qué punto es real el seguimiento radical de Jesús pobre y crucificado, y cómo es posible en la actualidad seguir a Santa Clara en las fraternidades de clarisas que extendidas por toda la cristiandad. Como Santa Clara aprende de San Francisco y le sirve de guía para describir el sentido de su vida, así nuestras hermanas deben estar abiertas a cómo afrontan los retos actuales la entera Familia Franciscana inserta en la Iglesia y presente en todas las culturas.

 

            Arantzazu 2015. ISBN 978-84-7240-272-0. 174 pp., 13,5 x 21 cm.

 

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