XXIII DOMINGO (C)

             Del Evangelio según San Lucas 14,25-33.

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

1.- La ruptura con la familia que llevan a cabo los que siguen a Jesús requiere asumir su estilo de vida; forma de vida que también a él le condujo al rompimiento de sus lazos familiares.  Cuando Jesús comienza la proclamación del Reino con palabras que causan asombro y signos que ratifican la incipiente presencia divina (cf Mc 1,39), su familia intenta reducirlo y reconducirlo al domicilio familiar, porque, según dicen, ha perdido la cabeza (cf Mc 3,21). Opinión que Marcos coloca antes de la acusación de los escribas de que su comportamiento obedece a una posesión diabólica en vez de expresar la cercanía de Dios a su pueblo (cf Mc 3,22). Y además de esta acusación existe la de que es un comilón y borracho (cf Lc 7,34), porque su presencia entre los marginados hace más nítidas las preferencias de Dios, es decir, su amor misericordioso para con ellos. Con la proclamación del Reino, el pueblo experimenta la liberación de las rígidas normas sociales y religiosas sobre el ayuno (cf Mc 2,18-20) y el descanso sabático (cf Mc 2,23-28); Dios se acerca a los pequeños y a los pobres (cf Mc 2,17), y los enfermos recobran la salud (cf Mc 1,34), los pecadores encuentran la paz con Dios y cn la sociedad (cf Mc 2,10), los poseídos sienten de nuevo su dignidad humana y la libertad (cf Mc 1,27.34.39), etc. Es otro mundo el que ha entrado en el historia humana.

2.- Marcos justifica el comportamiento de Jesús y su alejamiento de la familia y del trabajo para cumplir la voluntad divina (cf Mc 3,31-35). Jesús crea una nueva familia enraizada en la obediencia a la voluntad de Dios, que va más allá de las relaciones que se establecen por la carne y la sangre. Bajo esta perspectiva se desarrolla dentro de las comunidades cristianas la primacía de la misión sobre los vínculos familiares, la promesa de pertenecer a una nueva familia y la herencia de la vida eterna, en la que se destaca la generosidad de Dios por encima de toda entrega con las consiguientes renuncias: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna» (Mc 10,29-30par). Son los misioneros que se entregan por entero a la evangelización de los pueblos del mundo.

3.- Seguir a Jesús no es sólo escucharle y observar los signos que realiza para introducirse en el Reino y participar de sus beneficios por la corresponsabilidad en su misión. Es compartir su estilo de vida itinerante que se aparta de la familia y se incorpora a otra familia, con lo que se renuncia a establecer nuevos lazos naturales (cf Mt 19,12). Y todo esto para que se simbolice con más fuerza el Reino. La vida itinerante de los discípulos con Jesús manifiesta un comportamiento que remite, tanto a la actitud benevolente de Dios sobre la criatura (cf Lc 12,6-7), como a la presencia histórica del mismo en la familia nacida por la acción y presencia de Jesús. Todo lo que sea variar estas condiciones es restar fuerza al mensaje evangélico.

 

 

 

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