XXIII Domingo T.O

Oración después de la comunión

Concede, Señor, a tus fieles, alimentados con tu palabra y vivificados con el sacramento del cielo, beneficiarse de los dones de tu Hijo amado, de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

P. Ruiz Verdú OFM

Nos alimentamos para seguir viviendo. La Palabra de Dios que escuchamos en la celebración de la Eucaristía es el alimento. Dios en ella nos comunica lo que espera de nosotros. El sacramento del cielo es Cristo Jesús a quien hemos recibido; él hace crecer la palabra recibida. No basta con escuchar; es necesario que la Palabra dé fruto. Por eso le pedimos a Dios que nos conceda beneficiarnos de los dones de su Hijo amado. ¿De cuál de ellos queremos beneficiarnos en este momento de acción de gracias? ¿ Cuál de ellos necesitamos más? Todos nos son provechosos; pero, de entre los dones de Cristo, hay siempre alguno que necesitamos con “más urgencia”. Y la finalidad de esta petición es vivir la misma vida de Jesús, ser semejantes a él. A esto contribuye la escucha de la Palabra de Dios y la participación en la  Comunión. Todo hecho con amor.

¿Quién conocerá tu designio, Señor,

si tú no le das sabiduría enviándole

tu Santo Espíritu desde el cielo?

 

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