XXIV Domingo T.O

Oración después de la comunión

Te pedimos, Señor, que el fruto del don del cielo penetre nuestros cuerpos y almas, para que sea su efecto, y no nuestro sentimiento, el que prevalezca siempre en nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

P. Ruiz Verdú OFM

La oración que dirigimos a Dios después de la comunión es de acción de gracias y de petición. Hoy queremos que el fruto espiritual del sacramento eucarístico que hemos recibido no sólo favorezca nuestra alma, sino que se extienda también a nuestro cuerpo. Uno de los frutos de la Eucaristía es la salud de nuestro cuerpo, dar vigor a nuestra debilidad, reanimar nuestra esperanza, alegría y fortaleza en el dolor, porque nos une al sufrimiento de Cristo y a su fortaleza. Y no sólo eso, nos une a su resurrección y glorificación. Por todo ello, si con fe recibimos a Cristo, nuestro cuerpo participa realmente  de su Persona, haciéndonos uno con él; todo lo cual repercute en nuestro cuerpo, pues no podemos separar el cuerpo del alma. Le hemos pedido al Señor que en nosotros siempre prevalezcan los frutos del sacramento, porque el sentimiento es fugaz, los frutos permanecen y necesitamos ser firmes en la fe.

Señor, crea en nosotros un corazón semejante al tuyo,

para que siempre caminemos según tu querer

y no nos inquietemos por las dificultades del camino.

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