XXVI Domingo T.O

Oración después de la comunión
Señor, que el sacramento del cielo renueve nuestro cuerpo y espíritu, para que seamos coherederos de la gloria de aquel cuya muerte hemos anunciado y compartido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

P. Ruiz Verdú OFM

Necesitamos ser renovados siempre, fortalecidos con la fuerza de Dios para que el mal que nos rodea y ha tomado asiento en nosotros no ejerza su poder. Y no solo debe ser renovado nuestro cuerpo, sino también nuestro espíritu, nuestro interior, nuestra voluntad y nuestra inteligencia. Esforzarnos por conseguir pensar y querer como Dios desea. Llegar a tener el pensamiento de Dios. Para ello nada mejor que la Eucaristía recibida y meditada. Llegar a poseer los sentimientos de Cristo, como nos aconseja san Pablo, no es fruto de una sola comunión, y, menos aún, si la recibimos rutinariamente. Así heredaremos la gloria de Cristo Jesús, cuya muerte anunciamos cada vez que asistimos a la celebración de la Eucaristía y participamos, por la comunión, de ella. La Eucaristía nos une más estrechamente a Cristo y nos afianza en el amor al prójimo. “Compartir” : comer el mismo alimento.

“Dios vela por ti y su amor empapa tu vida.
Métete en el océano infinito de su divino amor.
Vuela como un pájaro por el cielo de su luz
y sonríe a la vida,
porque Dios es tu Padre y te ama” (Teilhard de Chardin)

¿Te gusta el Blog?

Comparte con tus amigos para dar a conocer Familia Franciscana.