XXVII Domingo T.O.

 

Oración después de la comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que nos alimentemos y saciemos en los sacramentos recibidos, hasta que nos transformemos en lo que hemos tomado. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

P. Ruiz Verdú OFM

Hemos estado presentes en la celebración de la Eucaristía junto con nuestros hermanos asistentes a la misma. Todos hemos participado del mismo pan, que, por las palabras de Cristo pronunciadas sobre él, es su Cuerpo y su Sangre: el mismo Jesús. Dios Padre nos lo ha dado, para que alimentados de su Hijo, tengamos la vida eterna que su Hijo ha prometido a los que le comen. En la oración nos dirigimos  a Dios Padre, pidiéndole que el sacramento recibido nos sacie siempre, si interrupción, viviendo aquella vida que se apoya en la fe y vive de la fe, la cual no permite que nuestro corazón se endurezca, sino que con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros, vivamos del amor que el Padre ha infundido en nuestra vida. Así nos iremos trasformando en Cristo Jesús: Quien me ama, vive en mí y yo en él. Los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”.

“No te inquietes por las dificultades de la vida,

por tus altibajos, por tus decepciones,

por el porvenir más o menos sombrío.

Quiere lo que Dios quiere” (Teilhard de Chardin)

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