XXVIII DOMINGO (C)

                                                         Del Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

1.– Estando Jesús en la frontera entre Samaría y Galilea, le salen al encuentro diez leprosos, que le imploran su misericordia y poder, y se paran a cierta distancia para evitar el contagio, como está prescrito en la Ley (cf Lv 13,46). Es curioso que llaman a Jesús «maestro» como lo hacen los discípulos con el sentido de ser guía de la comunidad que encabeza (cf Lc 5,5). Aquí Jesús no toca ni impone las manos, sino, más acorde con la Ley para no caer en impureza, les manda que vayan a presentarse a los sacerdotes, según el Levítico (cf 14,1-32). Los leprosos confían en la palabra y mandato de Jesús, y «mientras iban de camino, quedaron limpios».

2.– Lucas aprovecha este hecho para subrayar que, al quedar limpios los leprosos, solo un samaritano, perteneciente a un pueblo despreciado por los judíos como idólatra debido a su sincretismo religioso (cf 2Re 17,30-34), vuelve a Jesús para darle gracias y glorificar a Dios, lo que le lleva a recibir también la salvación religiosa. Él ha dado el paso de ver en la acción de Jesús una obra de Dios. El samaritano representa a todos aquellos paganos que están reconociendo y adhiriéndose a la acción salvadora de Dios en Jesús en tiempos de Lucas (cf Hech 8,5-25), como antes ocurrió con Naamán el sirio, mientras los judíos se alejan de su oferta de salvación.

3.- Hay dos actitudes en el relato que debemos subrayar: la confianza de los leprosos en la palabra de Jesús: ir a los sacerdotes para experimentar la curación, y el agradecimiento del samaritano. Los judíos, como muchos cristianos, se creen que tienen derecho a todos los dones de Dios. Están convencidos de que los valores que Dios transmite por la familia, la educación, la cultura son gratis, no han costado nada a nadie. La educación y la sanidad no cuestan nada. Y vamos por la vida exigiendo como si fuéramos los dueños del universo. Por eso, a esta gente exigente, que parece que tienen derecho a todo, lo mejor que le podemos enseñar es ganarse el pan con el sudor de su frente, y el pan de su vecino impedido.

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