XXVIII DOMINGO (C)

 

Del Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

1.– Jesús limpia la lepra y también purifica a los enfermos de su pecado, restituyendo su relación social y su incorporación a Dios, para que ninguna ley, aunque sea dada por motivos profilácticos y en nombre de Dios, impida su cercanía y presencia saludable. Es un paso trascendental que da Jesús. No se puede invocar el nombre de Dios para reducir los derechos humanos a nadie; en este caso la convivencia y la asistencia al templo, como sucede con la hemorroísa (cf Mc 5,25-34) y con la anulación de las leyes de purificación (cf Mc 7,1-23). Jesús lucha por la libertad en las relaciones humanas fundadas en la espontaneidad filial de las relaciones con el Padre. Es un tesoro que debemos defender a toda costa.

2.- Las religiones del «libro» no hemos andado en la historia muy juntas, antes al contrario nos hemos dado muchos palos para defender la verdad absoluta de la propia fe. Y aún hoy algunos judíos se ríen de parte del Credo cristiano, algunos fundamentalistas musulmanes persiguen y matan a los cristianos, impidiendo el culto debido a la Trinidad, y ciertas esferas cristianas no ven bien las relaciones ecuménicas por un lado, y, por otro, las relaciones con otras religiones, incluso boicotean explicar la experiencia del Dios de Jesús con presupuestos de otros credos. Y Jesús es muy abierto en esto, sobre todo en la relación que ayuda, que salva, que lucha por la dignidad humana, que libera de toda atadura que esclaviza a los hombres, sobre todo cuando las leyes provienen de los estamentos eclesiásticos que amordazan la vida.  Pensemos en el Espíritu de Asís que inauguró Juan Pablo II en 1986 con todas las religiones de la tierra.

3.- El samaritano agradecido alaba y da gracias a Dios. Si echáramos un vistazo a nuestra vida con calma; si silenciáramos por unos momentos nuestras enfermedades, nuestras frustraciones y nuestras quejas por lo mal que va el mundo, nos quedaríamos con las cosas que hemos recibido y con las que hemos conquistado con nuestro esfuerzo. Y comprobaríamos que, incluso lo que hemos ganado en justicia, lo debemos a un regalo de la formación que hemos recibido, y por la que hemos desarrollado los valores heredados de la familia, aprendidos en la escuela y recibidos del Señor. Todo es gracia (cf Rom 4,16). No lo olvidemos nunca, sobre todo en una sociedad en la que hasta los más parásitos e inútiles invocan sus derechos.

 

 

 

 

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